21 de enero de 2016

La pintoresca pobreza del cubano de a pie

La pintoresca pobreza del cubano de a pie
"Este país necesita de un buen quirófano y no de un salón de belleza"
jueves, enero 21, 2016 | Ernesto Pérez Chang

LA HABANA, Cuba.- En el centro de La Habana, en una de sus zonas más
turísticas, un viejo auto Lada, de fabricación soviética, prueba su
motor, adaptado para carreras de esas que se corren clandestinas en
muchos lugares de la Isla. La policía resguarda el perímetro para
asegurar un buen espectáculo no para las personas que se aglomeran como
observadores sino para un equipo de filmación de la BBC que trabaja en
una escena de la célebre serie de televisión Top Gear que tiene por
telón de fondo no solo el restaurado Capitolio, sino, además, la
pintoresca pobreza del cubano de a pie y esos icónicos autos antiguos
cuyo alquiler solo está al alcance de algunos pocos turistas.

El Lada soviético, pintado de un rojo que recuerda aquella bandera de la
hoz y el martillo, acelera a fondo en solo unos cuantos metros y hace
chillar los neumáticos en súbito frenazo en una esquina del Gran Teatro
de La Habana. La gente sonríe, aplaude y se sorprende de los alardes de
un automóvil que, en cuestiones de velocidad, representa lo opuesto a lo
"rápido y furioso", y ese contraste, lo sabemos, es recurso muy
hilarante en las comedias.

Disfrazado de Fórmula 1, el auto pudiera pasar por ultramoderno pero,
tras el maquillaje, todos saben que hay una vieja carrocería
perteneciente a una época en que el idioma ruso estuvo a punto de
convertirse en la lengua oficial de una isla que pareciera estar siempre
a merced del amante de turno.

El viejo Lada, en una escena de Top Gear o, quizás, en un futuro
próximo, manejado por el protagonista de la última entrega hollywoodense
de Fast and Furious, no es simplemente un "cacharro" reactualizado, es,
tal vez, como dijera una persona que junto a mí observaba la filmación:
"una parábola del país en que vivimos", es decir, una encarnación de una
época de cambios donde se apuesta más por las apariencias que por las
trasformaciones de fondo.

No hace mucho, refiriéndose a los tiempos que vivimos los cubanos,
alguien me dijo: "Este país necesita de un buen quirófano y no de un
salón de belleza". Ahora, mientras observaba la filmación, aludiendo al
auto, un espectador me hizo pensar en lo simbólico de algo en
apariencias demasiado trivial cuando comentó: "Esa carrocería no puede
soportar por mucho tiempo la potencia del motor. En cualquier momento se
parte".

Es posible que las pretensiones del episodio de Top Gear no sean
demasiado simbólicas y que el auto soviético, el Capitolio y las
personas que observábamos seamos solo parte de ese decorado de una moda
que se cotiza bien en los mercados solo por su exotismo arcaico y no por
su novedad.

Bajo ese boom de temporada llamado "Cuba" es que la Marvel ha inventado
una aventura de Spiderman en el villaclareño pueblo de Remedios, o que
la cadena televisiva Startz ha anunciado el rodaje de una nueva serie en
la misma "Havana" de la más reciente temporada de House of Lies.

Pero, sin dudas, y lo más triste del caso "Cuba", es que la moda no es
solo por el acceso a la "fruta prohibida" (acceso que para nada es
totalmente libre sino pactado en cuanto a los límites de permisibilidad,
es decir, hay que guardar muchos silencios para que una entidad o
persona extranjera logre la permanencia oficial en Cuba) sino por la
comedia que representamos para el mundo en la misma cuerda del Lada
soviético de Top Gear o de aquellos autos Chaikas donde viajaba Fidel
Castro en los años 80 y que hoy son alquilados a los turistas para que
vivan "una experiencia única".

En este, nuestro escenario derruido pero de moda no solo hay color local
y objetos del pasado, como en los museos, hay también mucho fósil
viviente: vástagos del "máximo líder" que, esgrimiendo el sombrío
encanto de lo obsoleto, hoy solo sirven para retratarse junto a Paris
Hilton o a cualquier otra celebridad de paso, o que juegan golf (el
otrora pasatiempo de la burguesía, prohibido durante nuestra era
soviética) junto a magnates europeos o que pasean por el Mediterráneo en
yates de lujo. Y de trasfondo de tanta comedia, el mismo escenario de
Top Gear: un Capitolio restaurado a golpes de penurias para uso del
Partido Comunista en su papel parlamentario.

Quizás sea bueno para un país como Cuba estar de moda y lo peligroso del
asunto no es que sea breve, transitoria, sino que se extienda más de lo
debido por una sola razón: estamos de moda porque somos obsoletos y
nuestros dramas cotidianos parecen, al que no los vive a diario, una
comedia interminable. Esa perpetuidad de lo ridículo y lo miserable es
lo que en verdad es peligroso, porque puede convertirse en una marca del
país, es decir, en un renglón exportable.

Source: La pintoresca pobreza del cubano de a pie | Cubanet -
https://www.cubanet.org/destacados/la-pintoresca-pobreza-del-cubano-de-a-pie/

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