21-05-2010.
Elías Amor Bravo
Economista ULC
(www.miscelaneasdecuba.net).- No es malo que la dirigencia del régimen
castrista hable con la máxima representación de la Iglesia católica en
Cuba. Desde que en 1967 Fidel Castro declaró que su régimen era
marxista, leninista y ateo, ha llovido mucho.
La historia de la Iglesia en Cuba, y en el exilio, ha sido muy triste.
Tuve la suerte de conocer a algunos de aquellos sacerdotes y monjas
cubanas y españoles que fueron expulsados por la fuerza poco después del
comienzo de la revolución, y eran personas íntegras, formidables, con un
compromiso social evidente que tropezaba con el deseo castrista de
adueñarse de toda la sociedad y ponerla a su único servicio.
A partir de 1967, la Iglesia católica quedó recluida a las catacumbas
del régimen. Cualquier vinculación con esta organización suponía para
los individuos separarse de las prebendas del régimen y perder el acceso
a los estudios superiores, o caer en una marginación social que a la
larga terminaba en prisión o exilio.
Los primeros grupos de derechos humanos que empezaron a plantar cara al
régimen comunista tenían una clara orientación católica. La resistencia
se mantuvo en la Isla, luchando a brazo partido contra un poder opresor
comunista, cuyo único objetivo era el sometimiento integral al pueblo
cubano.
Entonces, como si el tiempo no hubiera pasado en balde, el Papa Juan
Pablo II, artífice de los cambios políticos y sociales que en Europa
derrumbaron el muro comunista de la vergüenza, se presentó ante Fidel
Castro y le pidió que Cuba se abriera al mundo.
Y el dictador, como si no se tratase de él, se cambió el uniforme verde
olivo por un traje gris marengo, y aprovechó la visita del Papa para
lavar su imagen internacional, moviendo vía propaganda, los resortes
necesarios para sobrevivir en el poder, su único objetivo en 50 años de
dictadura.
En el momento actual, no creo que sea malo que el régimen castrista
hable con la Iglesia. Al contrario. Todo lo que pueda contribuir a abrir
espacios para la pluralidad en la Isla será siempre bienvenido. Cada uno
en su sitio. Respetando aquellas posiciones que se puedan reivindicar, y
tratando de asegurar, como máxima prioridad, que los presos políticos
injustamente enviados a la cárcel obtengan la libertad.
Para que ese diálogo sea fructífero a medio y largo plazo, no obstante,
a mi juicio, deben cumplirse algunas premisas. Me propongo reflexionar
sobre ellas brevemente.
Primero, la naturaleza misma del diálogo. La Iglesia debe conseguir la
libertad de los presos políticos. Insisto, "políticos", una condición
fundamental para que la acción de estos defensores de la democracia y
las libertades en Cuba tenga algún sentido. La muerte de Orlando Zapata
Tamayo no debe ser en vano.
El régimen tiene que reconocer que existen en Cuba personas que no están
de acuerdo con el modelo, y que desean libertades y democracia como las
que existen en Occidente. No tratarlos como criminales es una condición
fundamental para el diálogo.
Segundo, se debe establecer una metodología para mantener de forma
continua las conversaciones. Es decir, en lugar de reunirse una sola
vez, y abrir un espacio de interrupción, considero que el éxito de este
proceso que ahora empieza radica en su continuidad en el tiempo. Hay que
fijar una agenda de trabajo, lo suficientemente amplia y a la vez
concreta, para que el diálogo sirva para dar resultados positivos y
medibles, de forma objetiva. Y hay que dar la máxima transparencia a
este proceso para que todo se conozca y se pueda opinar.
Tercero, por la misma razón, hay que respetar el diálogo. No es bueno
atacar lo que se está produciendo por primera vez en Cuba en más de
medio siglo de régimen dictatorial. Hay que dar un margen de tiempo,
una oportunidad para realizar una evaluación del proceso, y tratar de
obtener conclusiones con cierta perspectiva histórica. Eso no quiere
decir que haya que permanecer impávido ante los acontecimientos.
En la medida que este diálogo se haga continuo y se encauce de forma
transparente, la acción de seguimiento se puede ver muy potenciada para
las dos partes.
Cuarto, hay que huir de cualquier entreguismo al poder comunista. No hay
que sacrificar objetivos de largo alcance, que pongan en peligro la
solvencia y el apoyo social a la Iglesia, a cambio de prebendas de muy
corto plazo que se agotan enseguida. En la balanza, Raúl Castro puede
poner mucho más que una empobrecida Iglesia, sometida a control por el
espionaje interno que existe en la Isla y que tiene dificultades reales
para desarrollar sus actividades.
Quinto, es cierto que la Iglesia siempre ha declarado que no es su
intención hacer política, pero está en ello. Su misión, si realmente
consiste en apartarse de la futura arena de la transición a la
democracia en Cuba, debe ir facilitando el acceso al proceso de diálogo
con las autoridades de los grupos de la oposición interna, de los
disidentes, que son, al final, los auténticos responsables del proceso
de transformación que se debe producir en Cuba. En ello también está el
éxito de su participación en este proceso de diálogo inicial.
Estamos en el origen de algo que no sabemos muy bien a dónde puede
llegar. Que Raúl Castro haya recibido a los altos representantes de la
Iglesia en Cuba es un ejemplo del acoso que siente en momentos tan
complicados como los actuales.
Con la economía destruida, observando que sus planes no dan los
resultados previstos y siempre mirando de reojo a su hermano
convaleciente por lo que pueda decir, y lo que es peor, hacer, Raúl
Castro ha tendido una mano a la Iglesia de Cuba en un momento de gran
debilidad política y social, en el que su aparato de represión no es
capaz de afrontar los retos de las Damas de Blanco, los blogueros
cubanos o la actitud contestaría de la juventud que hemos observado en
el video realizado por Carlos Montaner.
Todo se le viene abajo, y él lo sabe. Los hermanos Castro, que han sido
especialistas en la habilidad política de ganar tiempo, han recurrido a
la Iglesia para ello esta vez. Ahora la baza está en la Iglesia católica
cubana, de ahí, el papel que todos esperamos que debe jugar y su
trascendencia histórica."
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=27893
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