20 de febrero de 2016

Las penurias del cubano superan a su interés por los libros

Las penurias del cubano superan a su interés por los libros
La concurrencia está por debajo de lo esperado por la perpetua crisis
económica estacionaria y el alto costo de los libros (teniendo en cuenta
los bajos salarios)
FERIA DEL LIBRO
LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
Especial

Yosbel Veitía, estudiante de bachillerato, desconoce que la XXV Feria
del Libro está dedicada a Uruguay o que autores cubanos como la poetisa
Lina de Feria y el etnólogo e investigador Rogelio Martínez Furé, Premio
Nacional de Literatura, serán agasajados en el recinto ferial de San
Carlos de la Cabaña, al otro lado de la bahía habanera.

El joven, junto a un grupo de amigos, recorre las otrora celdas de la
fortaleza militar en busca de afiches de Messi o Neymar. En un tenderete
improvisado en una calle interior empedrada, observan las camisetas
piratas del Barcelona o Real Madrid que se venden a ocho pesos
convertibles, siete dólares al cambio oficial.

En el stand de Uruguay le pasan de largo a la colección de libros de
Mario Benedetti y Eduardo Galeano y a un señor con pinta de funcionario
cultural le preguntan si ahí "no venden camisetas del futbolista Luis
Suárez". Ante la negativa, en voz baja Yosbel comenta: "Cómo es posible,
si Suárez debe ser el héroe nacional de Uruguay".

Pero la muestra uruguaya, que tampoco oferta asados, solo trajo libros,
actividades culturales y ponencias literarias. Precisamente el pabellón
charrúa está casi desierto, a pesar de la amplia colección de autores y
casas editoriales de calibre.

La mayoría de la gente anda en otros trotes. Justo al frente del stand
de Uruguay, una pantalla gigante, a elevados decibeles -si no hay bulla
no estamos en Cuba- anima la plaza con música salsa y el fastidioso
reguetón. En un ramillete de kioscos venden perros calientes, pizzas y
helados.

La Feria Internacional del Libro se inauguró el jueves 11 de febrero y
se extenderá hasta este domingo 21 en La Habana. Después de esa fecha,
el evento recorrerá todo el país y concluirá en el mes de abril en
Santiago de Cuba.

Poca concurrencia

Según Olga Lidia, promotora cultural, la concurrencia está por debajo de
lo esperado. "En años anteriores, el número de visitantes era mayor. La
verdad es que excepto los entendidos y amantes de la literatura, a las
personas les interesa más comprar revistas de moda y tomar cerveza".

La perpetua crisis económica estacionaria, el alto costo de los libros
(teniendo en cuenta los bajos salarios) y un nuevo itinerario de salida
para los ómnibus que trasladan al público hacia La Cabaña, pudieran ser
algunas de las causas de una menor asistencia en 2016.

"Antes las guaguas salían de la acera frente al Capitolio. Pero como
ahora lo están restaurando, han cerrado el Paseo del Prado y hay que
caminar hasta la terminal de trenes para coger los ómnibus", se queja
Marta, madre de dos niños.

Las editoriales cubanas siguen machacando a los lectores con los mismos
libros de siempre. "Toda la mierda que no pueden vender durante el año
viene a parar aquí. Los ladrillos filosóficos, la recopilación de los
discursos de Fidel y otros libros intrascendentes que hace rato debieran
haberlos convertirlos en pulpa", dice con enfado Eugenio, jubilado.

Las quejas de los asistentes

Los lectores inveterados buscan las obras de Leonardo Padura o Pedro
Juan Gutiérrez como el agua en el desierto. "Cuando sacan libros que
valen la pena, como los Padura o Gutiérrez, sólo venden un buchito
(pocos ejemplares). Pero los mamotretos sobre el socialismo del siglo
XXI o libros de Fidel están a pululu (por cantidades)", comenta Yesenia,
quien hace malabares con un bolso cargado de revistas de moda y afiches
mientras come pan con lechón.

Para los más pequeños, la Feria es una fiesta. En las afueras del
recinto y en el antiguo Foso de los Laureles, donde antaño los
castristas ejecutaban a sus enemigos, hay varios artefactos inflables y
mostradores que venden algodón de azúcar y confituras. Coloridos libros
infantiles con diseños atractivos cuestan entre dos y diez pesos
convertibles. El salario de dos jornadas o una quincena de trabajo de un
obrero.

Los abultados precios

Para un grupo de chicas adolescentes, lo novedoso de esta Feria han sido
los diarios, una especie de agendas de tapa dura que además de hojas en
blanco, traen horóscopos y otras trivialidades. Se venden a quince pesos
convertibles, alrededor de veinte dólares.

Jorge, un mexicano en estado puro, le pide una mejor gestión de venta a
las dependientas cubanas. "Promuevan, promuevan, quiero más marketing",
les pide. "Señor, es que esos diarios están muy caros. Las muchachitas
los quieren comprar, pero no pueden pagar esa cantidad. Si se vendieran
en cincuenta pesos cubanos yo le aseguro que volarían", riposta una
dependiente.

Un español que bebe cerveza Cristal en una carpa roja y blanca con el
logo de la Bavaria, expresa: "Vengo a comprar libros y pasear por este
entorno maravilloso. Cuba lo tiene todo, belleza natural, gente, clima.
Yo no encuentro caros los libros, en cualquier lugar del mundo cuestan
más o menos igual".

El despistado turista desconoce las interioridades de la doble moneda y
que el salario promedio, que en Cuba es 23 dólares al mes, se le va a un
cubano en comprar un diccionario y dos revistas deportivas.

Para prevenir el robo de libros, una práctica habitual en Cuba (hasta el
brillante cronista deportivo Michel Contreras confesó que en sus años de
estudiante universitario se llegaba a la Feria a robar poemarios), los
organizadores han habilitado taquillas para que las personas dejen sus
bolsos.

"He estado en la Feria en otras ediciones y los cubanos roban bastante
libros. Puede que sean muy caros para ellos, pero robar un libro es
similar a robar un automóvil. Aunque de menor cuantía, es un delito",
apunta un agente literario panameño.

Muchos habaneros asisten a la Cabaña como si fueran a un picnic. En
estos días cuando la lluvia y el viento se alejaron de La Habana y
permitieron que regresara un sol tibio y una fresca brisa marina, nada
mejor que sentarse bajo un toldo a beber cerveza dispensada. El vaso
cuesta veinte y cinco pesos. Y para picar, pollo asado, masas fritas de
cerdo y hasta bistec de res. Los precios oscilan entre cincuenta y
sesenta y cinco pesos. De dos a tres dólares.

Cuando la noche comienza a caer, cientos de habaneros viajan de regreso
al centro de la ciudad en los ómnibus que esperan en el exterior del
recinto. Van con bolsos y jabas repletas de libros infantiles, manuales
de cocina, revistas de moda, afiches de deportistas, actrices o
cantantes. Para casi todos, Eduardo Galeano, Mario Benedetti, Roberto
Bolaño o Augusto Monterroso seguirán siendo un misterio.

A Yosbel no le importa. Pudo comprar una camiseta azulgrana con la foto
de Neymar estampada al frente. Y con una joven canadiense quedó en verse
el próximo sábado en una discoteca del Vedado. Más no se puede pedir.

Source: Las penurias del cubano superan a su interés por los libros ::
Diario las Americas :: Cuba -
http://www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3636276_feria-libro-la-habana-ivan-garcia.html

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