Una lección sin aprender
By ROLANDO CARTAYA
Fue como deja vu.
Cuando mi esposa colombiana, me colgó el teléfono por segunda vez a mí
que soy cubano, mientras trataba de descifrarle el rollo de Juanes,
empecé a recordar los piquetes, los altavoces, las banderas cubanas o
americanas en las ventanillas de los autos, lo fea que se puso la cosa,
y cómo fue la última vez que algunos vecinos y compañeros de trabajo me
respondieron los buenos días.
Lo veía venir, pero no lo podía creer. Pensé que habíamos aprendido de
la experiencia de Elián lo suficiente como para que el castrismo no
pudiera volver a meter espada en esta comunidad. Pero no, la jugada se
está repitiendo, y ahora, como dicen los americanos, con venganza.
Porque al atizar el fuego en torno al concierto en La Habana los Castro
no sólo procuran enfrentar a los colombianos de Miami --para quienes
Juanes es con toda justicia un ídolo-- contra los cubanos que, ignorando
el compromiso del músico con su pueblo, su denuncia de la guerrilla y
del secuestro, nos lanzamos de barriga a tacharle de aprovechado, de
farandulero procastrista, en fin, un vividor más prestado para peón del
veneno.
Y el régimen, relamiéndose de gusto (los cubanos sí sabemos bien de
donde vienen esas amenazas de muerte contra el cantautor paisa).
No, esta vez también nos están enfrentando con nuestros hermanos de la
isla, a los que, dicen, no queremos darles el gusto de un
supermegaconcierto. A ellos, que conocen a todos los artistas y se saben
todas las canciones, porque compran en pesos cubanos los discos quemados
en el mercado negro.
Y mire usted en qué momento sucede todo esto: cuando Colombia está
amenazada por las ambiciones expansionistas de la pandilla del ALBA,
también enemiga jurada nuestra; cuando en Cuba, si alguien explota
contra el gobierno en una guagua o en una esquina, lejos de salirle al
paso la gente lo apoya; cuando los cubanos de acá podemos volver a
abrazarnos con los de allá y contarles de primera mano lo que se están
perdiendo.
Juanes se ha portado con suma decencia y comprensión hacia el dolor del
exilio. Creo, como él, que si en ese concierto de la Plaza no pueden
estar todos los que son, no tendrá sentido. Vi en Caracol o RCN el
primer Paz Sin Fronteras en Cúcuta y allí estaban artistas y público de
Colombia, Venezuela y Ecuador.
Alguien, eso sí, debe explicarle a Juanes que no es que Cuba y Miami
sean dos hermanos que se odian, sino que los cubanos de las dos orillas
estamos hartos de un régimen que, como dice un periodista independiente
de la isla, si no te mata, tampoco te deja vivir.
Si queremos librarnos del castrismo algún día, vamos a tener que
mordernos la lengua, aguantar el dolor, contar hasta diez y hablar
entonces alto y claro, con serenidad, inteligencia y, sobre todo,
concertación.
Pensé que con Elián habíamos aprendido la lección. Pero parece que no.
(Por cierto, mi esposa y yo ya firmamos la paz).
Periodista cubano.
ROLANDO CARTAYA: Una lección sin aprender - Columnas de Opinión sobre
Cuba - El Nuevo Herald (7 September 2009)
http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/columnas-de-opinion/story/536893.html
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