6 de septiembre de 2009

Juan, Juan, Juan

Juan, Juan, Juan…

Se sentó a la mesa con Velasco Alvarado, Brezhnev le regaló una
bicicleta, Fidel anunció su nacimiento durante un discurso en la Plaza
de la Revolución y el propio Pinochet le hizo una limonada. Con esas
peripecias vitales, es difícil terminar siendo una persona común. A
quien le ocurría todo eso era a su vez un divertido hedonista,
conversador nato, tolerante pertinaz y el peor guerrillero que uno pueda
imaginarse. Se decantó por la trinchera del cubalibre, por las refriegas
que ocurren sobre las camas y por los combates que se libran con el
tenedor y la cuchara.
Juan Juan Almeida rozó al poder y éste terminó por arañarlo, sin que le
sirviera de mucho ser el hijo de un Comandante bajado de la Sierra
Maestra. Su ascendencia fue más bien un agravante, pues le hicieron
pagar el no estar a la altura épica que se esperaba de la prole de los
"héroes". El entrenamiento militar, los estudios en la Unión Soviética e
incluso las clases para formarse como agente de la Inteligencia cubana,
le mostraron lo que se esconde bajo el antifaz de la utopía. De ahí que
su libro "Memorias de un guerrillero cubano desconocido" sea la
narración de un testigo extravagante: alguien que se codeó con quienes
nos llaman al sacrificio mientras llevan una vida de placeres y excesos.
Al decir del autor, son esos que "hablan como los de izquierda, piensan
como los del centro y viven como los de derecha".
Este cuarentón regordete cojea de una pierna, pero salta con humor
descarnado en cada página de sus memorias. Parece querer decirnos que
desde el yate, las cacerías en los cayos y el vodka bien frío, nuestras
dificultades cotidianas se ven tremendamente desdibujadas, lejanas y
poco importantes. De una vida picaresca y colmada de viajes, pasa Juan
Juan –abruptamente– a la situación del hombre acusado y acosado. Una
secuencia de interrogatorios, registros y detenciones le hacen
experimentar lo que ha sido el día a día de los más críticos, de los
opositores y de los disidentes en esta Isla. "Memorias de un
guerrillero…" es la historia de una caída, de un desplome que se cuenta
sin rencor, más bien con desparpajo. Lo narra alguien que aprendió
–rápidamente– la acepción más extendida de la palabra "guerrillero",
aquella que implica luchar por un status, matar por ciertas posesiones,
mentir por quedarse en el poder.
Como adelanto a quienes se interesen en el libro de Juan Juan Almeida
–publicado por la editorial Espuela de Plata– les copio aquí un fragmento:
"Yo soy sólo un ser humano que se crió y se formó entre corruptos,
inmodestos y modernos corsarios que jugaron a ser estrictos, sencillos y
guardianes del honor, pero olvidaron callar frente a los niños. Porque
este niño creció admirando esos vicios heroicos y vandálicos que
apologetizaron nuestros líderes haciéndome ver que el asalto a un
cuartel, en un país con leyes, puede ser una cosa justa. Haciéndome ver
que subvertir países con ideas extranjeras, usando métodos ilegales, era
algo necesario. Haciéndome ver que los problemas del estado se
solucionan más fácilmente si ahuyentamos a nuestros propios ciudadanos.
Haciéndome ver que repudiar, desprestigiar, pisotear, golpear, escupir o
encarcelar era una buena opción para aquellos que no piensan como el
sistema exige. Haciéndome ver que el pueblo es una masa amorfa y lejana
a la que se tiene en cuenta desde un estrado para elogiarla un poco,
azuzarla otro tanto y luego regresar al aire acondicionado. Me hicieron
ver tantas y tantas cosas que terminé confundido como millones de
cubanos que no sabemos la diferencia exacta entre el bien y el mal."
Generación Y » Juan, Juan, Juan… (6 September 2009)
http://vocescubanas.com/generaciony/2009/09/06/juan-juan-juan%E2%80%A6/

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