30 de julio de 2009

Un año después

Agricultura
Un año después

El proceso de entrega de tierras sólo ha puesto a producir el 25% de la
superficie cultivable. A miles de campesinos se les ha denegado la petición.

La Habana | 30/07/2009

Coincidiendo con el primer año de la firma del Decreto-Ley No. 259 sobre
la Entrega de Tierras en Usufructo, suscrito el 10 de julio de 2008, la
prensa oficial informó acerca de su cumplimiento. Según el semanario
Trabajadores, en sus ediciones del 6 y el 13 de julio, de las 1.691.000
hectáreas de tierra estatal determinadas ociosas por el gobierno, han
sido entregadas el 41%, y el 25,4% de ellas ya están en explotación o
sembradas.

Cuba, de acuerdo con las cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas
(ONE), tiene una superficie agrícola de 6.619.500 hectáreas, de las
cuales están cultivadas 2.988.500 ha. El área no cultivada asciende a
3.631.000 ha, divididas en 2.382.200 de tierras dedicadas a pastos
naturales y 1.232.800 ociosas; estas últimas, abrumadoramente de
propiedad estatal.

Los alrededor de 1,6 millones de hectáreas a distribuir, posiblemente
estén por debajo del volumen total de las tierras verdaderamente ociosas
o fuertemente subutilizadas. El área supuestamente dedicada a pastos
naturales, con falta de mantenimiento durante decenios, se encuentra en
extrema subexplotación, llena de malezas. Si se entregaran a
cultivadores privados interesados en cuidarlas, podrían resultar más útiles.

Por ello, la carga de ganado por hectárea se ha reducido
considerablemente. Además, si en 1967 las estadísticas oficiales
reflejaban una masa vacuna de más de siete millones de cabezas, al
cierre de 2008 era de 3,8 millones, según el Anuario de la ONE. Dicha
cifra no es confiable totalmente, ya que desde hace decenios no se
realiza un conteo ganadero.

Incluso, hasta parte considerable de la superficie declarada como
cultivada podría entregarse a agricultores privados, a fin de que sea
explotada con productividad y beneficios para el país.

Por ejemplo, en la caña, el sector estatal en los últimos años ha tenido
un rendimiento por hectárea muy inferior a 30 toneladas como promedio.
Y, aunque en la cosecha 2007-2008 hubo cierta mejoría, con 34,9
toneladas por hectárea —gracias a excelentes condiciones
meteorológicas—, todavía está muy distante de la producción por área
obtenida antes de 1959 (38,9 t/ha, como promedio de los diez años
anteriores a 1959*); y, más aún, de la media mundial actual (alrededor
de 70 t/ha).

'Mezcla de intereses'

A las anteriores consideraciones hay que añadir que las tierras en
usufructo se entregan en un contexto lleno de cortapisas y prohibiciones
para quienes las reciben. Pueden perderlas en cualquier momento si no
cumplen los requisitos impuestos. Al mismo tiempo, las reciben llenas de
marabú y todo tipo de malezas, sin poseer recursos para afrontar las
duras tareas para desbrozarlas y cultivarlas.

Para que nadie se confunda, el semanario Trabajadores señala que "toda
persona que acuda a una Oficina Municipal de Control de la Tierra recibe
orientación para emprender desde el proceso legal hasta la negociación
con el representante del Delegado Municipal de la Agricultura, con quien
se definen producciones, entregas, destinos y acopios. Es una mezcla de
intereses".

Asimismo, se reconoce que a 2.393 personas se les denegó la entrega. El
25% de los casos, por "no tener una conducta adecuada" que garantice el
uso correcto de ese recurso, sin aclarar si ese criterio responde a
motivaciones políticas.

Como se conoce, de acuerdo con el Decreto No. 282 del 27 de agosto de
2008, que establece el Reglamento para Solicitar las Tierras en
Usufructo, es indispensable el aval de la Asociación Nacional de
Agricultores Pequeños (ANAP), organización política creada por el
Estado-Partido para controlar al campesinado. Por tanto, es difícil que
quien mantenga una posición contestataria pueda recibir tierras.

Como puede apreciarse en el Decreto No. 259 y en su Reglamento, el
Decreto No. 282, este es un proceso excesivamente controlado por el
gobierno, y con una profusión de limitaciones que provocará resultados
insuficientes para cubrir las altas necesidades de alimentos.

Dada la baja productividad de la agricultura cubana, se debería repartir
mucho más tierras que las 1,6 millones declaradas ociosas, y otorgar
mayor libertad a los campesinos para que puedan cultivarlas
eficientemente para extraer todas las riquezas posibles, con provecho
para los agricultores y la sociedad.

* Manuel Moreno Fraginals en El Ingenio, Complejo económico-social
cubano del azúcar. Tomo 3.

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