Lunes 19 de Julio de 2010 08:32 Reinaldo Escobar, La Habana
Justamente en los momentos en que se anunciaba la liberación de los
primeros presos políticos de la primavera negra del 2003 y luego de casi
cuatro años de no hacer una aparición pública, Fidel Castro visitó el
Centro Nacional de Investigaciones Científicas.
Pese a su relativa trascendencia, la noticia tuvo que esperar cuatro
días para aparecer en la televisión nacional y seis para ser publicada
en el periódico Granma, justamente el mismo día en que se anunciaba una
comparecencia "del líder indiscutible de la Revolución" en el programa
Mesa Redonda. La tercera taza de caldo nos la tomamos 24 horas más
tarde, cuando al mediodía del 13 de julio, en medio de un espectacular
operativo policial con ambulancia incluida, Fidel Castro fue al Centro
de Investigaciones de la Economía Mundial para continuar soplando las
trompetas del Juicio Final.
Muchos eran los que aseguraban que mientras el Comandante en Jefe
estuviera vivo y consciente no se producirían las excarcelaciones. Tal
vez estas liberaciones hayan sido las causantes de su retorno ante las
cámaras; no sólo para vaticinar el fin del mundo, sino para hacernos
saber que él continúa junto a nosotros, entre otras cosas para pedirle a
los economistas cubanos que dediquen cuatro horas durante diez días a la
tarea de diseñar la nueva civilización post bélica para lo que quede en
pie sobre el planeta. Imagino que el resultado de tan trascendental
meditación, si llega a resumirse en un texto, dará a estos profesionales
la ocasión de demostrar sus aptitudes, oportunidad o talento que no han
tenido para solucionar los destrozos producidos en Cuba tras el derrumbe
del socialismo en Europa del Este.
Que todo esto haya ocurrido cuando falta tan poco tiempo para el acto
del 26 de julio a celebrarse en Santa Clara, da mucho que pensar. Los
que estaban esperando la eyaculación retardada de las reformas raulistas
para esa fecha, probablemente se quedarán con las ganas, a menos que
estas apariciones sean una señal de que finalmente se ha concretado una
nueva división del trabajo en la que a Raúl Castro le toque la Isla y al
gran hermano el resto del mundo.
En ocasión del 21 aniversario de la muerte del músico Carlos Puebla,
ocurrida el 12 de julio de 1989, la televisión nacional retransmitió un
cortometraje cuyo leit-motiv era el estribillo de una conocida
guarachita de los primeros años de la revolución: "Se acabó la
diversión/ llegó el comandante y mandó a parar". Está claro que fue una
casualidad, pero la tonada sonaba lúgubre y llena de premoniciones. Los
espectadores se quedaron largo rato tarareando la pegajosa estrofa que
había recobrado —de pronto— toda su vigencia. Algunos hasta se
persignaron en silencio, con sólo pensar que la escalada de apariciones
de Fidel Castro lo lleve en pocos días hasta el micrófono de la plaza
Ernesto Guevara. El mínimo atisbo de transformaciones que se ha
vislumbrado en las últimas semanas, podría naufragar si con su quebrada
voz lanza aquella consigna que su hermano hace años no pronuncia:
¡Socialismo o Muerte!
http://www.diariodecuba.net/cuba/81-cuba/2467-y-en-eso-aparecio-fidel.html
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