Una responsabilidad compartida
By ALEJANDRO ARMENGOL
Resulta elemental que los presos políticos que salen de Cuba puedan
dejar de depender de la generosidad de los gobiernos español y
estadounidense para satisfacer sus demandas mínimas. Un fondo de ayuda,
creado con el aporte de los exiliados, debería cubrir los gastos y
satisfacer las demandas de quienes se inician a una nueva vida en el
exterior o intentan proseguir sus actividades en favor de un cambio
democrático pacífico en la isla.
Más urgente es la creación de este fondo cuando se han producido
críticas --a veces con fundamento, otras muy apresuradas-- entre quienes
acaban de llegar a España y se han visto alojados en un hotel muy
modesto de un barrio obrero de Madrid, en habitaciones de tres y cuatro
camas y un baño compartido con apenas dos duchas en cada planta.
``Me siento un poco extraño'', dijo en una entrevista exclusiva con la
AP Lester González, uno de los primeros disidentes que llegó a España.
``Ya nos explicaron que estaríamos sólo tres días aquí. Es un poco
incómodo''.
``Estoy un poco sorprendido con el hotel. Sólo hay un baño. No es fácil,
pero es mejor que la cárcel'', reconoció a la AP Omar Ruiz, otro de los
disidentes liberados. Normando Hernández González ha criticado las
condiciones en que se encuentran alojados provisionalmente en el hostal
de Vallecas, entre otras cosas porque los cuartos y baños son colectivos
y carecen de ``privacidad'' para estar con sus familias.
Según él, estas condiciones serán similares a las que tendrán cuando las
tres ONG, que les acogerán hasta que consigan integrarse en España, les
vayan repartiendo por los diversos centros de acogida que tienen por
toda la nación.
``Estamos en un hostal con personas de otras culturas, africanos y otras
nacionalidades, tenemos que compartir un baño colectivo. Mi hija tiene
problemas psíquicos y no se siente bien, tiene miedo, muchas personas
que no conoce y el alimento no ha sido el más indicado para mi estado de
salud'', dijo Hernández en una información que publica el diario español
El Mundo.
En virtud de un protocolo suscrito con el Ministerio de Exteriores
español, las organizaciones Cruz Roja, Comisión Española de Ayuda al
Refugiado y Asociación Comisión Católica Española de Migración se van a
encargar de darles atención médica, manutención y alojamiento a las
siete familias llegadas a España. También intentarán encontrarles
trabajo en un país castigado por la crisis económica y una tasa de
desempleo superior al 20 por ciento.
Más allá del acuerdo establecido entre los gobiernos de Cuba y España,
respecto a los disidentes excarcelados, el exilio de Miami debería dar
un paso al frente en contribuir monetariamente al sostenimiento y
manutención de estos cubanos.
A la hora de criticar, hay que tener en consideración que Madrid ha
sabido aprovechar una posibilidad mínima para ayudar a la liberación de
los opositores. No se le puede negar su función de catalizador de un
proceso que no ha originado, pero al cual ha sabido canalizar en favor
de una causa justa. Un papel que es a la vez humanitario y político.
La vicepresidenta primera del gobierno español, María Teresa Fernández
de la Vega, ha precisado que la liberación de los presos políticos ``ha
sido un éxito de la diplomacia y el diálogo'', del que ``todos nos
felicitamos''.
Fernández de la Vega indicó que se trata de personas que han decidido
``voluntariamente'' venir a España, y recordó que a estos ciudadanos
cubanos el Gobierno les ha otorgado un visado de residencia ``bajo un
estatus de protección subsidiaria'', que les da ``derechos iguales'' a
los de los españoles.
No hay que olvidar que lo que ha estado en el tapete durante todo este
tiempo es lograr la excarcelación de quienes han estado sufriendo
condenas injustas. Madrid ha participado activamente en ese logro, al
tiempo que está libre de cualquier reproche, ya que no ha alentado ni
participado en la creación de una situación que desembocó en la prisión
de los cubanos.
Los llamados a la desobediencia civil y a la resistencia cívica no
faltan en las oficinas con aire acondicionado. Se llenan de entusiasmo
las tertulias en el café de la esquina y el espíritu combativo brota con
fuerza en medio de la comodidad del hogar miamense. Planes que buscan
justificar la utilización de los fondos suministrados por el gobierno
norteamericano.
En el mejor de los casos, proyectos que despiertan esperanzas e
intereses loables, pero carentes de posibilidades de triunfo.
Luego, la denuncia de los abusos a los derechos humanos cometidos en
Cuba se vuelve vocinglería radial, espectáculo televisivo, artículo
reiterativo y esterotipado en la prensa escrita.
Nada de esto resta valor a la actividad de los opositores y disidentes
dentro de la isla. Se trata simplemente de ofrecer una visión más
realista de los hechos.
Al menos debería existir un sentido elemental de la responsabilidad,
para ayudar a quienes se han visto obligados a partir al exilio.
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