Cuba: ¿liberación o destierro?
ANTONIO ELORZA 19/07/2010
Disfrutamos en España de la presencia de un curioso progresismo afecto a
las dictaduras, por lo menos tan curioso como un conservadurismo ultra
que se considera democrático, se llena la boca de la palabra liberal y
sin embargo a la menor ocasión pone de manifiesto su verdadera
naturaleza. Tampoco faltan exponentes de una singular tercera vía que
desde una mezcla de espíritu libertario y fondo de reacción claman
contra la prohibición del burka, muestran su orgullo por desconocer el
significado del hiyab y por supuesto renuncian a establecer vínculo
alguno entre la concepción de la mujer como ser invisible y las
lapidaciones en curso. La opinión está bien servida.
La excarcelación de un grupo de opositores cubanos y su envío al exilio
en España ha sido la ocasión para una explosión de júbilo de los
primeros, y de paso para una verdadera exaltación de la línea Moratinos,
consistente en dejar fuera a la disidencia -hasta el punto de no visitar
a Fariñas en huelga de hambre- insistiendo en una acción de apoyo a los
supuestos reformadores del gobierno Castro. Todo culminaría en la
supresión por la Unión Europea de la Posición Común de 1996 según la
cual se exigía el respeto de los derechos humanos en la Isla. Actitud
juzgada "agresiva": mejor fraternizar con la dictadura al modo del
"canciller español" y conseguir ventajas para "los mercenarios de
Estados Unidos" en prisión (terminología de la televisión de Hugo Chávez).
Hasta ahora los frutos de tal colaboracionismo habían sido mínimos, y
siempre subordinados a la política de imagen castrista. Sin embargo,
parece llegado el momento de una cierta apertura, donde el papel
esencial correspondió a la Iglesia. Moratinos lo secunda, ofrece España
como refugio y hace llegar a los primeros excarcelados. Hasta aquí, nada
que objetar: abiertamente elogiable. La lectura política sobre los
cambios en curso dentro del régimen, y la consiguiente necesidad de que
la Unión Europea suprima urgentemente la Posición Común, es otra cosa.
Para empezar, el destierro de opositores excarcelados forma parte de la
tradición comunista, como forma de limpieza política del interior del
país, donde realmente aquellos podían representar una amenaza. En La
guerra privada de Lenin, Lesley Chamberlain cuenta como Lenin adoptó a
partir de 1917, y sobre todo en 1922, medidas de deportación a efectos
de "liberar al país de insectos nocivos", con especial atención a
mencheviques e intelectuales (Sorokin, Berdiaev, Jakobson). "Purgaremos
a Rusia durante mucho tiempo", advirtió. Medio siglo más tarde, en 1974,
por iniciativa de Andropov, un auténtico leninista, tuvo lugar la
deportación a Alemania de Solyenitsin, "ese vándalo de Solyenitsin"
(Brezhnev dixit), siendo autorizada en la misma década la salida de
otros "perturbadores de la paz" . Vale la pena leer El coro mágico de
Solomon Volkov. Así que destierro no es liberalismo, ni respeto de los
derechos humanos. Lo han explicado con toda claridad Osvaldo Payá y
Elizardo Sánchez, opositores que han consagrado su vida a la lucha por
la democracia y por la reconciliación entre los cubanos.
Dispersos por España y en condiciones de vida de estricta supervivencia,
el peligro para el régimen que ofrecen los recién llegados es mínimo.
Las expectativas de Moratinos consisten en que la liberación sea
general. Si eso sucede y los todavía presos pueden permanecer en la Isla
como ciudadanos de pleno derecho -esto es, sometidos al mismo nivel de
represión que cualquier otro cubano-, entonces sí cabrá hablar de un
viraje. Eso sí, sin triunfalismo, ya que se tratará en todo caso de
recuperar la situación de mínima permisividad truncada por la oleada de
detenciones en la primavera negra de 2003. Además la resurrección de
Fidel no es buena noticia de cara a la puesta en práctica del supuesto
realismo de Raúl.
Una vez más, la ponderación es de rigor. Lo ocurrido es un indicio al
que debe prestársele máxima atención, en espera de próximos desarrollos.
En modo alguno supone una desautorización para la política de denuncia
de la dictadura y de su recurrente violación de los derechos humanos,
compatible con otro rechazo, el del embargo impuesto por los Estados
Unidos al pueblo cubano. De retirar la UE su Posición Común como
concesión previa, según insistía Moratinos, Raúl Castro no habría tenido
el menor incentivo para entreabrir la puerta del diálogo con la Iglesia
y de una cierta tolerancia, gesto acompañado por la sensación de que se
da un debate interno ante el dramático anquilosamiento de un socialismo
de la penuria. Resumen, sensibilidad sí; no cheques en blanco.
http://www.elpais.com/articulo/espana/Cuba/liberacion/destierro/elpepuesp/20100719elpepunac_19/Tes
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