21 de junio de 2013

Un almendrón explosivo

Un almendrón explosivo
Viernes, Junio 21, 2013 | Por Gladys Linares

LA HABANA, Cuba, junio, www.cubanet.org -La tarde del domingo 16 de
junio parecía tranquila, aunque la cuadra estaba más concurrida que de
costumbre, pues era día de los padres. Algunos, para mitigar el calor,
compartían con su familia en los portales.

Blanca veía una película en la sala de su casa. A través de la ventana
observaba el carro del vecino parqueado frente a su puerta: un Chevrolet
gris de 1956 que el médico jubilado cuidaba con esmero.

Son muchos los autos norteamericanos como este, conocidos popularmente
como almendrones, que comenzaron a llegar a nuestro país a partir de
1920, cuando Cuba se convirtió en el primer país importador de autos en
América Latina. Incluso, el segundo automóvil con televisor que se
fabricó en el mundo circuló aquí.

Hoy, estos vetustos almendrones recorren calles y carreteras desafiando
el tiempo, y son un ejemplo del cuidado que por más de medio siglo les
han propiciado sus dueños a pesar de la escasez de piezas y las
restricciones gubernamentales.

Muchos de estos añejos carros son de uso particular, y otros circulan
con un cartel de taxi y representan una buena –aunque no barata-
alternativa para aliviar la crisis de transporte en el país.

La tarde de marras, Blanca sintió súbitamente como una fuerte onda
expansiva sacudió los cristales de su puerta. Asustada, miró por la
ventana, y vio una gran humareda. Todo sucedía al unísono: personas
corriendo, la nieta del vecino que desesperada gritaba "¡Abuelo, sal de
ahí!"; algunos traían cubos de agua.

Entonces Blanca recordó que el 105 era el número de los bomberos, y
aunque no sabía exactamente qué pasaba, los llamó. Los cubos de agua
iban de mano en mano, pero el almendrón del anciano médico, que había
cogido candela, no se apagaba. A pesar del peligro, el pobre señor no se
apartaba de su carro, sino que por el contrario, hacía esfuerzos por
salvarlo.

Por su parte, la mamá de Blanca, muy acertadamente, llamó a los vecinos
para darles un poco de arena que le quedaba en el patio. Así pudieron
apagar el fuego incluso antes de que llegaran los bomberos –que en menos
de diez minutos ya estaban allí-.

Afortunadamente, nadie resultó lastimado. El propio automóvil no quedó
muy dañado, a excepción de varias piezas en el interior del capó, que
fue la parte que se incendió. Una vez que pasó todo, el anciano, más
calmado, decía bajito a la nieta: "Mijita, acuérdate que estamos en
Cuba. Aquí uno no puede comprar un carro cuando quiere, así que cuando
lo tienes, hay que cuidarlo".

Source: "Un almendrón explosivo | Cubanet" -
http://www.cubanet.org/articulos/un-almendron-explosivo/

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