Se expande la violencia verbal y física
IVÁN GARCÍA | La Habana | 21 Jun 2013 - 9:52 am.
Una sicóloga: 'El aumento de la violencia parte del lenguaje grosero y
cargado de testosterona que a partir del 59 empleó el gobierno de Castro'.
Estamos rodeados. Cualquier sitio, ómnibus, escuela, centro laboral o
entorno familiar es propicio para una grosería que no pocas veces
arranca con insultos y termina en un ring de boxeo.
La gente de mecha corta sobra en Cuba. Tipos inflamables que manejan los
gestos corporales y el lenguaje como si fuesen una pistola. José Carlos,
de 41 años, considera que lo más mínimo puede generar un campo de batalla.
"Si vas de compras a una tienda debes medir tus palabras. Y tener
paciencia. Las empleadas casi siempre están de mal humor. Parecen
celadoras de una cárcel. Las que más miedo me dan son las
recepcionistas. Cuando no se están pintados las uñas o chismeando por
teléfono, te dicen que vengas mañana porque es el horario de almuerzo.
Estamos viviendo una epidemia de malos modales. La falta de educación no
tiene nada que ver con la crisis económica o la pobreza. Pienso que es
una consecuencia de la revolución. Y ahora florece como la mala yerba",
subraya.
La violencia verbal y física suele comenzar desde el círculo infantil. Y
progresa en la etapa de la enseñanza primaria y secundaria. Así lo
piensa Hilda, de 72 años, maestra jubilada.
"En cuatro décadas de trabajo como maestra, pude observar que la
violencia verbal y física en las escuelas creció en los últimos veinte
años. Después de la llegada del "período especial", a principios de los
90, la pérdida de valores, intimidación entre alumnos, palabras obscenas
y vulgaridades está presente en edades tan tempranas como los 5 o 6
años. Vi niños que sus padres tuvieron que trasladarlos de escuela por
el acoso y la violencia de otros niños. Los menores suelen reproducir
las conductas que ven en sus casas. A veces los padres se comportaban
peor que sus hijos. Actuaban como seres irracionales. Si castigabas al
muchacho, se podía desatar un terremoto. Eso y los bajos salarios son
dos de los motivos por los cuales muchos jóvenes no quieren ser
maestros. Nadie quiere trabajar en un lugar que además de ganar poco
dinero te puede traer problemas", cuenta la experimentada maestra.
Y así, dentro de un ómnibus cualquier roce puede provocar un intercambio
de insultos subidos de tono. Si se calientan las pasiones, la gente se
va a las manos.
En muchos centros laborales sucede lo mismo. Algunos gerentes, comenta
Arnaldo, se comportan con sus subordinados como capataces feudales.
"Trabajo en un centro de elaboración de alimentos para el turismo. Los
jefes nos tratan como si fuésemos perros. Cuando intentamos discutir
nuestros derechos, te señalan la puerta de salida. No son pocos los
directivos que se comportan como si ellos fueran elegidos de los dioses
o pertenecieran a una casta diferente".
Una socióloga habanera lo tiene claro. "El aumento de la violencia
verbal y física parte del lenguaje grosero y cargado de testosterona que
a partir de 1959 empleó el gobierno de Fidel Castro. La vulgaridad se
convirtió en sello de la casa. Desde insultos en los discursos hasta
lemas coreados masivamente en 1962, a raíz de la Crisis de Octubre, como
"Nikita, mariquita, lo que se da no se quita". O "Ae, ae, ae la
chambelona, Nixon no tiene madre porque lo parió una mona".
O como aquella nota publicada en Granma, el día en que murió Ronald
Reagan, que decía "Hoy falleció quien nunca debió nacer".
Esas conductas antisociales y agresivas de los dirigentes cubanos, que
muchas veces convierten el terreno diplomático en una valla de gallos,
se ha ido reproduciendo entre la gente a lo largo de 54 años. "No se
pueden exigir buenas conductas cuando los que dirigen no la tienen",
considera la socióloga.
Dentro de algunas familias, que uno de sus miembros se coma un huevo o
un pan que no le pertenece, puede desatar un infierno chiquito. Es
habitual que bajo un mismo techo convivan tres generaciones diferentes.
Y no es raro encontrar familiares que no se hablan entre sí y cocinan y
hacen sus faenas domésticas por separado. Los hijos, las habituales
víctimas, tienen como paradigma las ofensas y las broncas entre parientes.
El reguetón es otra polea trasmisora de groserías e incitación a la
violencia. Un musicólogo capitalino está convencido de ello. "Las letras
de la mayoría de grupos de reguetón o hip-hop son chabacanas. Y la moda
en los jóvenes es reproducir la forma de vestir de su ídolo reguetonero
y también su mensaje, que por lo regular propaga el machismo, la
violencia y el culto a la frivolidad y las drogas".
Después de un bailable con una orquesta de timba o un grupo de reguetón,
y a pesar del amplio despliegue policial, se ha vuelto normal que se
produzcan altercados a punta de navaja.
En la Plaza Roja de La Víbora, municipio Diez de Octubre, en
determinadas fechas del almanaque revolucionario, acostumbran ofrecer
bailes y pachangas. Se montan baños portátiles de madera en las esquinas
y hasta después de las dos de la madrugada, la música subida de
decibeles con letras groseras no deja dormir a los vecinos. Al terminar
el concierto comienza lo bueno. Broncas entre marginales y escaleras o
pasillos de los edificios convertidos en baños públicos o fumaderos de
marihuana. Y se practica sexo en cualquier recoveco oscuro. Todo un
espectáculo.
Source: "Se expande la violencia verbal y física | Diario de Cuba" -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1371801156_3863.html
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