"Lo milagroso es que la cultura cubana aun dé muestras de resistencia"
Entrevista al presidente del comité organizador del Congreso Cultural
Internacional "Vínculos, continuidad y resistencia: tres rasgos de la
cultura cubana", Rolando Morelli
viernes, octubre 16, 2015 | Luis Cino Álvarez
LA HABANA, Cuba.- Entre los días 5 y 7 de diciembre se desarrollará en
Miami el Congreso Cultural Internacional "Vínculos, continuidad y
resistencia: tres rasgos de la cultura cubana".
El presidente del Comité Organizador es el narrador, poeta y profesor
universitario Rolando H. Morelli (Camagüey, 1953), quien reside en
Filadelfia, Estados Unidos, desde 1980. Es autor de los libros de
cuentos "Algo está pasando", "Lo que te cuente es poco", "Repaso de la
sombra" y el poemario "Leve para el viento", entre otros.
Sobre el congreso cultural y temas relacionados con la literatura
cubana, Morelli tuvo la amabilidad de conversar con Cubanet a través del
correo electrónico.
¿Por qué este congreso?
Probablemente no habría que demostrar a estas alturas, que la cultura
cubana —entendida como producto, reflejo y espejo de la nación que la
origina— se halla en bancarrota. Nos lo revela a las primeras la imagen
que está a la vista, y no es sólo de absoluta dispersión, sino de
caótica desbandada, de desfachatez y pesimismo generalizados.
Hemos regresado a los peores momentos del siglo XIX. La patria ha
desaparecido virtualmente de la conciencia nacional, borrada por el
continuo ejercicio de la despersonalización colectiva desde el poder.
La patria, si algo va quedando de ésta en ese feudo que de ella han
hecho los Castro, se resume en esgrimir agresivamente unas banderitas y
consignas vergonzantes, y en atacar a todo el que ose pensar en sus
predios. Se ha impuesto en vastos sectores de la población aquello tan
retrógrado del "¡Vivan las cadenas!" de la España del rey felón,
Fernando VII, y constituye desde hace mucho el santo y seña de la
sociedad cubana bajo la tiranía de los Castro y su régimen de oprobio.
"Esta calle es de Fidel" es apenas una variante actual de la otra.
Este proceso de despersonalización colectiva, de "despatriación" de
todos los cubanos —si me permites un neologismo— no está representado
únicamente por los iletrados (supuestos proletarios) sino sobre todo por
la misma clase que constituye, según la definición del comunista
Gramsci: "los intelectuales orgánicos", bien sean estos generados o
cooptados por el poder.
Abel Prieto, el ex ministro de Cultura, lo expresó sucintamente ante el
auditorio que en Madrid participaba de una llamada "Conferencia en
Solidaridad con Cuba" al declarar con jactancia ante sus anfitriones:
"Nosotros tenemos una ventaja que no tienen Uds. aquí [en España]. Es
que los medios nuestros son estatales. Nosotros no tenemos enseñanza
privada. Todo el sistema es público. Las instituciones culturales son
públicas". Por público, naturalmente, se entiende: controlados de arriba
abajo por el estado absolutista y totalitario.
Prieto exhibía ante los ojos deslumbrados de todos los reunidos, los
instrumentos mismos del crimen, que han servido para consolidar el
sometimiento de los cubanos. Expuestos por él, quedaron trazados los
confines impuestos por el régimen para estrangular sistemáticamente al
individuo, a la colectividad, y en consecuencia, a la cultura cubana.
Lo milagroso, resulta, que a pesar de lo exitoso de la fórmula
represiva, la cultura cubana aún dé muestras de resistencia dentro y
fuera de Cuba.
Los cubanos hemos padecido, y continuamos padeciendo cárcel, torturas y
muertes innúmeras, y un exilio que constituye hoy uno de los más altos
del mundo en cualquier época, por enfrentarnos a la tiranía y a sus
adláteres.
No podríamos sobrestimar en modo alguno el papel que juegan al interior
y al exterior la propaganda del régimen, en la que los intelectuales y
artistas sometidos, y al servicio de la tiranía juegan un papel de
inestimable importancia.
Desde el exilio, lo menos que podemos hacer los intelectuales, artistas,
escritores, y muchos otros que vivimos en libertad —habiendo elegido
aquello tan martiano de, "sin patria, pero sin amo", es defender una
idea de cultura para Cuba, enfrentada a los presupuestos catastróficos
del tardo-fidelismo, hoy encarnado por el hermanito. De ahí la necesidad
de no rendirnos ni claudicar ante las componendas de los Castro, y las
insólitas alianzas con algunas de las élites del mundo libre,
embriagadas todavía por la borrachera trasnochada de la Revolución y el
socialismo, eso sí, sin renunciar a sus prebendas.
De ahí, también, la urgencia de este congreso en el que pasaremos
revista pública a nuestra historia, y a nuestra actualidad, pondremos
sobre la mesa nuestras cartas, proponiendo estrategias desde la cultura,
pero también desde la política, para desenmascarar la tiranía que oprime
a nuestro pueblo, y cohesionar nuevas estrategias de actuación colectiva.
Aunque pueda parecernos innecesario hacerlo, se trata de reafirmar en
voz alta —despejando malos entendidos diseminados por la propaganda de
la tiranía— que existe un vínculo inquebrantable entre todos los cubanos
de buena voluntad, vivamos donde vivamos; que nuestra cultura es un
continuum no interrumpido por el exilio, lugar donde la resistencia a la
opresión, al chantaje y los contubernios puede expresarse en franca
libertad frente a quienes edulcoran la naturaleza del régimen en defensa
del mismo.
Entonces, ¿hablamos de la cultura cubana como una sola, la que se hace
en la isla y la que se hace en el exterior?
Tenemos una concepción abarcadora de esa cultura. Mencionaré como
ejemplos y expresión de la misma, dentro de Cuba, desde las Damas de
blanco al periodismo independiente, y desde el escritor Ángel
Santisteban al grafitero Danilo Maldonado, El Sexto. Fuera de Cuba, la
nómina de los que resisten en nombre de la libertad, y a la vez
constituyen un vínculo y dan continuidad a la idea de nuestra cultura,
va desde los ya fallecidos Gastón Baquero, Reinaldo Arenas, Cabrera
Infante y Severo Sarduy, al actor, escritor, dramaturgo y ensayista
Julio Matas, hoy muy viejecito, pasando por una extensa lista en todas
las esferas del quehacer artístico en activo: Zoé Valdés, Sergio Giral,
Fausto Canel, Montes Huidobro, Luis de la Paz, Mireya Robles, Gladys
Triana, Carlos Alberto Montaner, Orlando Rossardi, Pepe Triana, José
Abreu Felippe, Teresa Dovalpage, Juan Abreu, Nivaria Tejera, Paquito
D'Rivera, Carlos Eiri, Andy García… La relación verdaderamente daría
para componer una enciclopedia, pues comprende lo mejor de la cultura
cubana en una variedad de campos.
¿Está prevista la participación de artistas e intelectuales residentes
en Cuba, del arte oficial o disidentes?
Los representantes del arte y la literatura oficiales ya cuentan con
numerosos foros propiciados por el régimen, o sus adictos fuera de Cuba,
para difundir sus mentiras y justificar su sometimiento, atribuyéndose
un ideal patriótico que no resistiría un verdadero examen. Sus figuras
estelares son, como es bien sabido, el propio Abel Prieto, Miguel
Barnet, y tres o cuatro más, pero la lista de aspirantes puede a cada
vuelta nutrirse de nuevos nombres que mañana nadie recordará sino con
desprecio. No vamos a ofrecerles a estos agentes intelectuales de la
opresión nuestra plataforma para que regurgiten sus veleidades e
insensateces. El régimen, responsable en primer lugar por la miseria a
que ha llevado a la sociedad cubana, dispone sin embargo de prebendas
para comprar y pagar las lealtades y entusiasmos de sus incondicionales.
Ellos no nos necesitan, y nosotros no los queremos, porque no nos
representan como pueblo.
En cuanto a los independientes sin compromisos con la tiranía, la
invitación ni siquiera es necesaria, aunque la hayamos extendido desde
el principio.
Lamentablemente, no está en nuestras manos de momento, facilitar o hacer
posible que estos viajen desde Cuba, y participen del congreso. No
contamos aún con una estructura y recursos que nos permitan sufragar
tales gastos. Tal vez habría que destacar en este punto, que los
numerosos gastos que tenemos para llevar adelante nuestro encuentro, se
sufragan exclusivamente con donaciones individuales de los organizadores
y otros, y con el costo de inscripción al mismo, que es mínimo si se
compara con lo que cuestan en general otros congresos y reuniones de
esta índole. Éste, sin embargo no será el último de su clase. ¡A lo
mejor conseguimos que el próximo se celebre en una Cuba libre!
Eres un escritor de la llamada Generación del Mariel. ¿Dicha generación
ejemplifica esos rasgos de la cultura cubana que tratará el Congreso?
Creo que sí. Reinaldo Arenas, desde la revista Mariel, de la que fue el
principal gestor, dedicó números a exaltar las figuras de Carlos
Montenegro, Lydia Cabrera o Lino Novás Calvo, entre otros. Esos
escritores y artistas que ya estaban en el exilio al momento de
producirse el aluvión del Mariel, también nos acogieron con los brazos
abiertos. Entre los jóvenes nacidos en el exilio, los llamados
cubano-americanos, que venían a ser nuestros contemporáneos, se producía
el mismo fenómeno de integración natural. Es cuando menos curioso, que
en el exilio, el enfrentamiento generacional no ocurriera hasta hace
relativamente poco, y eso tampoco de manera álgida o preponderante.
Me explico. La llegada de nuevas generaciones, formadas enteramente en
el castrismo, ha traído a veces a estas playas, a creadores a quienes
tomará algún tiempo todavía modificar sus esquemas mentales. "Son pocos,
pero son", como diría Vallejo en su poema inmortal. Estos son los que
acusan de intransigencia a todos los demás que no concebimos
entendimientos con el régimen de los Castro.
El Congreso Cultural conmemorará el 7 de diciembre los 25 años de la
muerte de Reinaldo Arenas…
El congreso constituye, entre otras cosas, un homenaje a la memoria de
Reinaldo Arenas.
El exilio, como es sabido, presupone un alejamiento forzoso del medio
natural de un creador, pero al mismo tiempo, puede constituir ese
espacio óptimo para la creación. Cuando se vive, como fue el caso de
Arenas, sometido a una constante vigilancia y acoso, de los que no se
permite escapar, haberlo logrado es ya una victoria.
Arenas consiguió verdaderamente realizarse como individuo y como creador
en el exilio. Recuperó por la constancia y dedicación que concedió a su
quehacer, la obra que había hecho en Cuba, pero no se limitó a esto,
sino que nos dio una obra cuya verdadera evaluación corresponde al
futuro. Anticipo que será muy favorable.
Arenas es uno de esos originales que no puede duplicarse ni imitarse.
Sufrió la censura más absoluta en Cuba, y luego, cuando consiguió
escapar por Mariel, tuvo su momento de reconocimiento y fama. Las mismas
editoriales, españolas o iberoamericanas, favorables a la izquierda, o
temerosas de ellas, lo elevaron en la cresta de la ola del momento, para
dejarlo caer poco después, porque Reinaldo les resultó incorruptible,
pero él, que no había sucumbido a cosas peores, no se estrelló en las
rocas del ninguneo, como esperaban muchos que ocurriera. Luego, su
muerte en condiciones tremendamente trágicas, la publicación de sus
memorias, y la película que hiciera Julian Schnabel, contribuyeron a la
divulgación de su nombre.
Resulta cuando menos irónico, que el actor que tan convincentemente
encarna el personaje de Reinaldo en esa película, se haya sentido
atraído por él, pese a ser un ferviente adorador del régimen cubano —a
la distancia, claro—. Es algo parecido a lo que sucede con la
comercialización de la figura del comunista Che Guevara, salvo que en el
caso de Reinaldo, situado en las antípodas de éste, ser encarnado por
alguien de la izquierda cerril española no constituye un descrédito para
sus ideas y principios, como sí es patente que ocurre en el caso de
Guevara, sino un triunfo sobre ellos y sus presupuestos ideológicos.
Has dedicado gran parte de tu trabajo al estudio de la obra de Gertrudis
Gómez de Avellaneda y José María Heredia. ¿Por qué?
No sólo a la Avellaneda y a Heredia les he dedicado tiempo y empeños,
sino a numerosos otros escritores cubanos del siglo XIX y del XX. Ellos
son el principio visible de un camino que hemos transitado para llegar a
la idea de Cuba.
Incluso la Avellaneda, tan desacreditada en algunos círculos, es
imprescindible a la hora de evaluar nuestra historia literaria. Siendo
Cuba española, ella lo fue, pero no habría que quedarse en esta aparente
dicotomía. Su obra nos situó en el mapa de la literatura occidental en
lo alto de una cumbre. El romanticismo español no se concibe sin ella,
ni el romanticismo cubano sería lo mismo sin su nombre. A pesar del
carácter no estrictamente político de su alejamiento físico de Cuba, la
Avellaneda fue en cierto modo una exiliada temprana en suelo español.
Heredia lo fue en tierra norteamericana primeramente, y mexicana
después. Y aunque en su caso primó la motivación política, no pudo ser
menos que un exiliado toda su vida, incluso cuando se hallaba en Cuba
todavía. La obra de Heredia, a pesar de haber sido altamente valorada,
es hoy desconocida en Cuba. Hace unos años, investigué y reuní luego en
un volumen sus cuentos y relatos publicados en periódicos mexicanos que
dirigió o en los que colaboró activamente. ¿Quiénes en Cuba conocen hoy
al Heredia narrador? ¿Al poeta? ¿Al patriota? En cierto momento, al
principio, el régimen se apoderó de nombres como el suyo para sus fines
propagandísticos, pero desde hace mucho a nadie le interesa. El nombre
de Heredia ha quedado reducido al nombre de una calle en Santiago de Cuba.
Trabajamos de un modo u otro para ganar tiempo al tiempo perdido, a la
distorsión y a la preterición, con vistas al futuro de Cuba y para
beneficio de las nuevas generaciones.
Además de Heredia y la Avellaneda, muchos otros autores cubanos, desde
Martí y Villaverde hasta Cabrera Infante y Zoé Valdés, han tenido que
escribir la mayor parte de su obra en el exterior. Todos han tenido que
enfrentar la disyuntiva de irse o no ser. ¿Cómo fue en tu caso? ¿Qué ha
significado para ti este exilio de más de 35 años?
No se trató de una disyuntiva. He mencionado el caso de Arenas, que fue
el mío y el de muchos de mi generación. La opción de irse ni siquiera se
planteaba, como sucede ahora por diferentes razones que en ningún caso
suponen una liberalización del régimen. Entonces no era ni remotamente
concebible. Ahí está el caso del narrador Nelson Rodríguez Leyva,
fusilado por intento de salida ilegal del país, a manera de ejemplo de
lo que hubiera sucedido a cualquiera que intentara escapar de la
isla-prisión en que vivíamos. Ser, por otra parte, tampoco era
concebible. De ahí que tantos de mi generación se suicidaran o se
alcoholizaran. Aún cuando en Cuba, oficialmente, las drogas no
constituían un problema, muchos se empastillaban. Los psiquiatras
prescribían generosamente toda clase de pastillas "para los nervios"
(existe un poema tardío de Virgilio Piñera donde se refiere a esto), y
muchos eran víctimas de ese mal. No creo que haya estudios sobre eso,
igual que faltan sobre tantas otras cosas. Muchos se "alcoholizaban" por
otra vía, ideológicamente, pues se trata de una adicción más, de la que
salirse cuesta Dios y ayuda, si acaso se consigue.
He citado alguna vez lo que me dijera en conversación Lydia Cabrera, de
que "antes que ser artistas, escritores y todo eso, había que ser
persona decente". Es decir, que había que encontrar el espacio elemental
donde ser persona fuera una posibilidad. Si para cualquier persona es
vital disponer de una atmósfera propicia, respirable, para un creador
esta necesidad -que Arenas llamara "necesidad de libertad"- es
imprescindible.
Ahí están, ya que me preguntas por mi experiencia, mis libros de
relatos, las investigaciones que me han llevado a Heredia, a Ofelia
Rodríguez Acosta y a muchos otros, pero ante todo, haciéndolo posible,
está mi vida. Fui el primero de "los marielitos" ´-título que yo siempre
tomé a gran honra- en recibir un doctorado de universidad alguna. He
trabajado como profesor en distinguidos centros de enseñanza. No ha sido
fácil resistir a veces las presiones de la izquierda de conveniencia que
domina en muchos departamentos de lengua y literatura para que me sumara
al coro, como si nada hubiera pasado ni pesado. He viajado con mis
recursos, sin encomendarme a nadie, a donde he querido. Y hace unos días
me he casado, en el aniversario del que fuera nuestro primer encuentro,
con mi pareja de hace treinta y cuatro años.
Cuando peso las pérdidas, que han sido inevitablemente muchas, y las
ganancias en el haber de mi vida, siento que he podido ser persona, en
el concepto que Lydia Cabrera vindicaba, y ésa es una ganancia absoluta.
Percibo, como características de tu narrativa, la fragmentación y un
ambiente tenebroso que no permite que olvidemos la situación cubana. ¿De
qué forma se aviene tu literatura con esos vínculos, esa continuidad y
esa resistencia?
Hay una parte de mi obra que refleja eso que tú señalas. Ya Montes
Huidobro o Benítez Rojo, entre otros, lo han observado. Otra parte de
ella se aparta, conscientemente, de todo eso, en busca de luminosidad, a
veces por el recurso de la fantasía. Ciertos ambientes y memorias
conectados con Cuba, sin embargo, dictan su propio lenguaje; sus
claroscuros y fragmentación corresponden a una visión que no sería capaz
de sacudirme, porque entre otras cosas, sería falsearlas.
No obstante, soy un incorregible optimista. Concedo al individuo, y a
muchos de mis personajes, la posibilidad de redimirse o emanciparse
mediante sus acciones. En ello influye también mi experiencia de Cuba.
Los hijos de puta han sido muchos, pero en medio de la jauría, cuántas
veces se abrió paso una persona valiente cuya intervención,
independientemente de su efectividad, me sirvió para sostenerme y
sostener como verdad absoluta que el ser humano, en sentido general, es
bueno, y puede llegar a ser valiente en la defensa de esa bondad.
Lo vulgar, la mediocridad, lo repetitivo, han invadido una buena parte
de la cultura cubana. ¿Ve Rolando Morelli motivos para el optimismo?
Por lo general, se trata de manifestaciones de rechazo a la cosificación
que impone la cultura oficial.
Cuando era profesor en Cuba, trabajé mucho tiempo para el llamado
Instituto de Perfeccionamiento Escolar que se proponía elevar el nivel
de los profesores de primaria y secundaria. La constatación diaria de
eso que luego se ha convertido en ese fenómeno que mencionas, era ya
espeluznante.
Y recordaba lo bien educados que eran los guajiros camagüeyanos —supongo
que sería así en todas partes— aunque fueran analfabetos, que no todos
los campesinos lo eran, ésa es otra falacia que ha pasado a ser lugar
común. En cambio, aquellos maestros y profesores que eran nuestros
discípulos, aunaban a su garrafal desconocimiento de casi todo lo que
era pertinente, un grado de desparpajo que naturalmente transmitían al
estudiantado.
¿Qué eran las escuelas al campo y los pre-universitarios internos, lejos
de la casa, sino verdaderos centros de deformación en todos los
aspectos? En Miami me he encontrado con antiguos estudiantes que me
confirman esta percepción, y con jóvenes formados en esa "nueva escuela"
que cantaba Silvio Rodríguez, a los que se reconoce porque el lenguaje
en ellos —eso a lo que no vacilan en llamar "hablar en cubano"— se ha
transformado en una jerga incompresible, a la vez por la articulación y
por el contenido, que bien corresponden al pensamiento que los
caracteriza, o más bien, a la falta de él. La mayoría son buenos
muchachos y muchachas que, en muchos casos han arriesgado la vida para
salir de Cuba, pero que no logran con facilidad sacarse de dentro a esa
Cuba de la que huyen.
La literatura, y sobre todo la cultura llamada popular, reflejan y
cultivan esa tendencia chabacana, que al régimen le fastidia y al propio
tiempo es la única manifestación auténtica capaz de producir.
Hay artistas que, conscientes de eso, se apropian un lenguaje y unas
formas que todo el mundo comparte, gústeles o no, para dar otro mensaje,
uno subversivo, validos de un medio que no se origina en ellos. Hay un
componente vulgar en toda cultura popular, que tiene su sitio y su razón
de ser.
Lo que ocurre en nuestro país es que en su afán igualador, el régimen
acudió, primero a implementar a la fuerza la mala dicción, la
desfachatez y ese tipo de conducta, como contraposición a la llamada
cultura burguesa, y luego, por cuestiones de estrategia, impuso una
marcha atrás y una "recuperación de valores en el socialismo". Fue la
época en que brilló Armando Hart al frente del Ministerio de Cultura.
Pero no se desanda por decreto lo que se ha andado mal a conciencia.
Aún estábamos en eso de reconstruir normas sociales, un lenguaje
comprensible y respetuoso cuando tuvo lugar el Mariel, y luego, la
debacle del mundo socialista. El Mariel sacó a la calle nuevamente el
lenguaje vulgar con patente de corso. El derrumbe del comunismo ya no
permitió al régimen cubrir todos los frentes a la vez, y en última
instancia, sacó a la luz la verdadera naturaleza y semblante que
ocultaban las barbas de la Revolución.
El castrismo ha sido desde el principio, y es por naturaleza, la
expresión no del pueblo, sino de la chusma. En esta última categoría
coloco por derecho propio a Alicia Alonso y a Rosita Fornés, aunque
estas señoras no utilicen malas palabras o un lenguaje soez.
Todo eso pasará. Cuando la mente y el pensamiento cubanos rebasen el
estado de pesadilla actual —ése que produce monstruos de los que Goya se
aterraría— y la escuela y los medios permitan la libre expresión del
pensamiento sosegado y abierto, veremos un verdadero renacimiento de
nuestra cultura. El talento, la aplicación y la habilidad del cubano se
encargarán de eso. En un medio menos hostil como puede ser el del
exilio, se ha probado. Por eso, el lema de nuestro congreso es "arte,
inteligencia y esfuerzo". Esta época aciaga por la que atravesamos, de
tan larga duración, constituirá nuestra más oscura Edad Media.
luicino2012@gmail.com
Source: "Lo milagroso es que la cultura cubana aun dé muestras de
resistencia" | Cubanet -
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