21 de octubre de 2015

Cuba, vida cotidiana y ajiaco ideológico

Cuba, vida cotidiana y ajiaco ideológico
En la actualidad se debaten varios proyectos en la Isla, tanto por parte
de esa intelectualidad que con diversos matices mantiene cierta cercanía
con la posición oficial como dentro de esa amplia gama que comprende a
la disidencia, el activismo y la sociedad civil
Alejandro Armengol, Miami | 21/10/2015 8:50 am

El gobierno de Raúl Castro ha logrado algo que parecía imposible durante
la época de Fidel: echar a un lado o reducir al mínimo los fundamentos
ideológicos y aplicar un pragmatismo que no significa adaptarse a la
realidad, como han supuesto algunos, sino todo lo contrario: ajustar esa
realidad al propósito único de conservar el poder.
Contrario a lo esperado por algunos, el agotamiento ideológico del
modelo marxista-leninista no desembocó en un desmoronamiento del sistema.
Si quienes viven bajo las ruinas del socialismo cubano son sujetos
moldeados por una época en que se produjo una amplia distribución de
algunos derechos sociales —como tener un trabajo asegurado y el acceso
gratuito a los servicios de salud y educación— que con los años
experimentaron un cada vez mayor deterioro, son también ciudadanos con
un precario entrenamiento para ejercer derechos civiles y políticos, o
en general poco preparados para asumir riesgos a la hora de obtenerlos.
El gobierno de La Habana ha hecho todo lo posible por mantener esa
condición, timoneando de acuerdo al momento pero sin soltar el control
del rumbo.
En lo que se refiere al aspecto cultural e ideológico, en los años
previos al mandato de Raúl Castro el régimen mantuvo dos maniobras para
tratar de encaminar el deterioro ideológico: el nacionalismo
posmarxista, adoptado como elemento fundacional del proceso, y la
despolitización de escritores y artistas.
Luego, en los últimos años, ha sido capaz de prescindir de ambos o
relegarlos al "departamento de asuntos sin importancia".
Una maniobra puesta en práctica durante la última etapa de Fidel Castro
al mando de los asuntos diarios del poder, pero que se vino a emponderar
con el gobierno de Raúl y a partir de la "guerrita de los emails", se ha
caracterizado por la transformación definitiva del "intelectual
orgánico" en un creador hasta cierto punto neutral, en lo que respecta a
una militancia política activa, aunque fiel guardador de los "valores
patrios".
Al dar muestras de agotamiento el nacionalismo católico, a comienzos de
este siglo, algunos de los portavoces de la ideología oficial iniciaron
un desplazamiento hacia el llamado "socialismo del siglo XXI", propuesto
por el difunto presidente Hugo Chávez en Venezuela.
El problema con esos cambios oportunos —o menor, oportunistas— fue que,
desde el punto de vista teórico y fundacional, carecían de solidez y
solo sirvieron de espejismos al uso para justificar un acercamiento al
poder o al dinero. A ello hay que agregar que, como el lugar que antes
ocupaba la teoría lo comenzaron a llenar los medios masivos, el debate
se ha permeado de mezclas absurdas.
De esta forma, el intentar montar en el mismo carro a Bolívar y Marx, en
el mal llamado "socialismo del siglo XXI", no ha resultado más que un
disparate que solo unos pocos intelectuales han tratado de justificar.
Si bien para sostener estos ajiacos ideológicos, por momentos el régimen
de La Habana ha necesitado tanto controlar la lectura como la escritura,
también se ha percatado de la existencia de cierta permisividad
inofensiva, que no afecta su capacidad de sobrevivir e incluso le brinda
cierta publicidad adicional, sobre todo en el exterior.
Sin embargo, aunque se han producido avances en Cuba, al analizar los
límites de la tolerancia no deja de imperar un panorama sombrío.
La razón de ello es que más allá de casos específicos, géneros
mencionados y momentos históricos, aún el gobierno cubano fundamenta su
política cultural en una administración territorial de la creación y en
practicar una aduana política, que permite pasar a unos y a otros no.
La publicación de ciertos libros, temas y autores marginados no es lo
suficientemente fuerte como para romper la lógica de la exclusión.
Frente a este desmembramiento cultural e ideológico.
En la actualidad se debaten varios proyectos en la Isla, por parte tanto
de esa intelectualidad que con diversos matices mantiene cierta cercanía
con la posición oficial —hablar de colaboracionismo en la mayoría de los
casos es exagerado— como dentro de esa gama que comprende a la sociedad
civil, disidencia, activismo y periodismo independiente, y cada vez es
más amplio y complejo. Hasta el momento, todos estos proyectos no han
logrado dar un paso más allá de cierta formulación teórica, en el mejor
de los casos. El futuro de Cuba continúa debatiéndose entre una
incertidumbre al parecer perpetua, una esperanza que no trasciende lo
idílico y una apatía a la que no escapan ni gobernantes ni opositores.
Este texto apareció originalmente en Cuaderno de Cuba.

Source: Cuba, vida cotidiana y ajiaco ideológico - Artículos - Opinión -
Cuba Encuentro -
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/cuba-vida-cotidiana-y-ajiaco-ideologico-323881

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