17-08-2010.
Victor E. Sánchez
Periodista Independiente APLOPRESS
(www.miscelaneasdecuba.net).- Santiago de Cuba, 16 de agosto - En este
siglo, el fenómeno político-social llamado "socialismo" ha tenido una
evolución sui generis. En el siglo pasado la imposición de las ideas
socialistas, como mejor se lograba era mediante una "revolución". Esa
revolución usurpaba el poder, desmontaba todas las estructuras
institucionales y diseñaba una sociedad a su medida.
El derrumbe de la Unión Soviética y su campo socialista obligaron a
rediseñar el sistema, incluyendo los mecanismos para llegar al poder.
Esa nueva forma de llegar al poder es por elecciones, por lo que a esta
nueva versión del socialismo, se le denomina: Socialismo del Siglo XXI.
En este proceso histórico se ponen de manifiesto dos condicionales, los
países que ya eran y se me mantienen bajo un régimen socialista y los
países que deben convertirse al socialismo. Estos últimos, se regirán
por las normas contempladas en las metodologías del Socialismo del Siglo
XXI. Sin embargo, los países que mantuvieron el socialismo ortodoxo, el
desgaste político, económico y social les impiden continuar esa
posición, y para sostenerse, irónicamente tienen que realizar ciertas
presuntas aperturas.
Se pudieran decir que todos estos países, van en la misma dirección,
aunque se encentren en diferentes etapas históricas. El propósito de los
que gobiernan a todos estos países es el mismo, el control total del
poder de forma vitalicia. O sea, que el Socialismo del Siglo XXI, en
cualquiera de sus etapas conduce al comunismo marxista, como bien
asegurara Fidel Castro recientemente.
La manipulación social es el común denominador de la ideología
socialista. Por medio de ella, se puede lograr una democracia de origen,
para luego convertirla en una dictadura en funciones, pero siempre
aludiendo a su supuesta legitimidad democrática. Y a nombre de la
justicia social y de la promesa de distribución de la riqueza por
decreto, justifican coartar la libertad económica como mecanismo de
sometimiento político.
Muchas personas, tratando de proteger su capital en estos sistemas en
sus principios han colaborado con las autoridades, que luego de
consolidado el poder se han vuelto contra ellas. El sistema se va
cerrando hasta convertirse en un verdadero sistema totalitario.
En el caso de los países que se ven obligados a mutar el sistema,
pequeñas aperturas y limitadas libertades son las más efectivas movidas
políticas. Se hicieron populares las reformas que se les hicieron al
sistema chino y vietnamita. En el caso cubano todavía se espera que se
realicen reformas significativas, pues hasta la fecha sólo han sido
medidas cosméticas en momentos circunstanciales. No obstante, para
garantizar el patrimonio económico de los herederos de la nomenklatura,
se necesita legitimar el sistema político.
Los cambios, como estrategia política, vendrán desde arriba. Algo que a
muchos de los antagonistas al régimen no les gustará, y tal vez ni
fuesen sus expectativas, pero serán inevitables. Las aperturas
satisfacen siempre a las mayorías y se consideran políticamente
correctas. Lo que no siempre se visualiza es que un cambio de actitud en
los regímenes totalitarios va más allá de lo que se dice o se ve. En
política, siempre lo importante es lo que no se dice.
Analicemos los últimos acontecimientos en Cuba, para entender que la
liberación de los presos políticos y otras concesiones no obedecen a las
causas que les atribuyen, sino a los propios intereses de quienes los
propiciaron. Sus propósitos y verdaderos intereses están por encima de
las aparentes circunstancias actuales.
El régimen necesita adaptarse a las nuevas estructuras y conceptos
contemplados en el llamado Socialismo del Siglo XXI. Ese proceso lleva
un cambio de imagen. Y que mejor, que la liberación de presos políticos.
Algo que la oposición, por razones lógicas se atribuye, poniendo como
protagonistas a las Damas de Blanco y la protesta cívica de Fariñas, que
obligó a las autoridades cubanas a mantenerlo en un régimen especial de
cuidado médico.
Sin embargo sabemos que ambas cosas ya estaban controladas: Fariñas
gozaba de una serie de prerrogativas y privilegios por encima de las
tradicionales actitudes del régimen cubano y las Damas de Blanco fueron
circunscriptas a una zona neutralizada, para que su actuar con ciertas
libertades, pareciera propio de una sociedad democrática.
En días reciente visité una familia de varios opositores, profesionales
y muy bien preparados intelectualmente, aquí en el poblado del Cristo.
El intercambio me dio la medida de las aspiraciones básicas del pueblo
cubano. Al comentarle, que tal vez en Cuba se produjeran algunos cambios
como la libertad económica de las pequeñas empresas, la compra y venta
de propiedades, incluyendo casas, tierras y automóviles, la entrada y
salida libremente del país, el acceso a todo tipo de información,
incluida la Internet y hasta más, que se pudieran producir unas
elecciones multipartidistas, la reacción fue inmediata: eso es lo que
queremos, para qué queremos más.
En las normas del Socialismo del Siglo XXI están contempladas todas
estas variantes, y muchas más y no desaparece el control totalitario del
poder.
La reaparición de Fidel Castro, como un capricho personal, no obedece a
las prescripciones de los órganos de inteligencia. Eso complica la
estrategia del cambio. No es que Raúl Castro sea un reformista, pero si
aspira a dejar a su familia en una posición política y económica segura.
Por tanto, va jugando con el tiempo y los cambios. Tampoco puede
arriesgarse a una transición tan rápida, que comprometa su propia
seguridad, personal y jurídica.
Sin embargo, el tiempo apremia. El gobierno está contra la pared en el
tiempo, su tiempo es medible y limitado. La oposición es abstracta, por
lo que tiene todo el tiempo a su favor. No obstante, el gobierno sabe
que no existe una oposición estructurada, calificada y con una base
social mucho menos, así que con los recursos del poder y la maquinaria
política con que cuenta, puede lograr una aparente democracia de origen.
A no ser por algún imponderable, el régimen dispone de las fuerzas
necesarias para dosificar los cambios a su medida. Aún así, no todo está
perdido: el socialismo como fenómeno social tiene que buscársele el
antídoto en la misma sociedad. Incluso, utilizar sus propias armas es
válido para hacerlo desaparecer. En este sentido creo muy válido el
trabajo que viene desarrollando el Centro de Estudios Estratégicos para
la Democracia Proactiva, aquí en Santiago de Cuba, para enfrentar de una
forma inteligente, las artimañas del Socialismo en el Siglo XXI.
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=29425
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