20 de octubre de 2015

La misión del día después

La misión del día después
[19-10-2015 23:08:03]
Alberto Medina Méndez

(www.miscelaneasdecuba.net).- El clima electoral suele nublar la visión
y distorsionarlo todo. A algunos los inunda la euforia de ese posible
triunfo y los entusiasma en demasía. Otros luchan contra su propia
impotencia. Se esmeraron mucho para romper con la inercia de la
continuidad, pero casi todas las señales afirman lo opuesto.
Es saludable comprender que un proceso electoral es solo una instancia
de la democracia moderna, pero no necesariamente la más relevante. Claro
que el resultado importa y establece cierto sesgo que inclina la balanza
hacia alguna parte, pero no es lo más determinante.

La manifestación expresa de la voluntad popular es solo una fotografía
del instante en el que se deciden quienes serán los que tendrán la
responsabilidad de administrar la representatividad de una comunidad. Lo
que verdaderamente muestra el camino a recorrer es la actitud cotidiana
de la sociedad.

El modo en el que transcurrirán los hechos posteriores a los comicios
depende exclusivamente de la disposición de los individuos. La historia
reciente dirá que la gente cree, equivocadamente, que en ese momento se
juega a todo o nada, a cara o ceca. Es por esa visión que muchos hacen
esfuerzos denodados para definir elecciones y luego se retiran
sumisamente para convertirse en cómodos espectadores de las decisiones
ajenas.

El sistema democrático, con sus luces y sombras, con sus indisimulables
imperfecciones, no se sostiene únicamente sobre la realización de
elecciones libres y periódicas. Ese es un ingrediente primordial, pero
no es siquiera el más importante.

No es que no deba dársele la importancia debida a la decisión en las
urnas. El tema pasa por no caer en la trampa de creer que después del
escrutinio los ganadores imponen su voluntad y los perdedores solo se
someten.

El equilibrio del poder no pasa porque ganen unos u otros, porque la
diferencia numérica sea significativa o exigua. La concentración del
poder en pocas manos solo se plasma cuando la ciudadanía asume un rol
eminentemente pasivo, absolutamente secundario, cuando se convierte en
servil y se deja subyugar bajo los designios de los funcionarios.

Los vencedores del próximo turno electoral, deben saber que solo habrán
conseguido un paso hacia la toma del poder formal. Sostener ese aval
popular y darle legitimidad es una tarea bastante más compleja.

Los que realmente tienen sobre sus espaldas la labor más difícil son los
que pierden la elección. Ya no solo los partidos políticos que quedan
fuera del reparto, sino fundamentalmente la gente, los electores, los
votantes.

Los gobiernos solo hacen lo que se les deja hacer, lo que se les
permite. Por lo tanto, la batalla no termina el día de las elecciones.
Ese es solo un hito, que una vez superado será sucedido por una larga
lista de anuncios que requieren de una validación tácita o explícita por
parte de la ciudadanía.

Sería un error darle más valor que el real al acto electoral. No se
trata de minimizarlo, sino de asignarle su justa medida. No se ha
llegado hasta aquí, a este grado de enorme deterioro, por la sucesión de
victorias de los oficialismos, sino por la irresponsable e indiferente
postura de una ciudadanía muy dócil que ha aceptado ser atropellada una
y otra vez.

Que el futuro sea mejor o peor no depende tanto de los políticos del
presente, sino de la determinación cívica para afrontar lo que viene. La
idea mágica de que todo es cuestión de suerte o de elegir a un líder
mesiánico es una simplificación que no se ajusta a la realidad, ni a la
evidencia empírica.

Thomas Jefferson decía que "cuando los gobiernos temen a la gente hay
libertad, y cuando la gente teme al gobierno hay tiranía". Si eso no
cambia, nada se modificará, independientemente de las circunstancias
electorales.

Falta muy poco para las elecciones, pero también para la decisión más
vital, esa que no tiene que ver con las urnas, pero sí con la opción más
trascendente. La tarea cívica no se agota al momento de sufragar. Allí
termina un capítulo y empieza el siguiente. Si el resultado electoral
acobarda a los ciudadanos, entonces se está frente al abismo. Cualquier
desenlace debería invitar a todos a un mayor compromiso.

Es importante decidir con inteligencia el voto, pero mucho más
trascendente es hacer los deberes y comenzar a hacer la lista de las
acciones que se deberán encarar ni bien culmine este proceso electoral.

Si se quiere interrumpir la interminable secuencia de eternas
frustraciones, es tiempo de empezar a hacer todo de otro modo. La
democracia no es solo ir a las urnas cada tanto y expresar una opinión
aislada. La tarea pasa por involucrarse, meterse hasta los huesos, tener
responsabilidad cívica, asumir los problemas de la sociedad como propios
y hacer algo al respecto.

Si no se está dispuesto a aportar dinero, trabajo o tiempo para vivir en
comunidad, pues entonces el acto electoral será un mero formalismo sin
relevancia superior. Va siendo tiempo de empezar a pensar en grande, a
actuar con integridad y diseñar la misión del día después.

Source: La misión del día después - Misceláneas de Cuba -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/56255bb33a682e0590782961#.ViYlhvkrLjY

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