La dignidad de los ausentes
JUAN ANTONIO BLANCO | Miami | 21 Oct 2015 - 11:38 am.
Una tendencia cada vez más reiterativa de la diplomacia estadounidense
se empeña en genuflexiones hacia el régimen castrista.
Considero reprobable la tendencia cada vez más reiterativa de la
diplomacia estadounidense a realizar innecesarias genuflexiones hacia La
Habana, al parecer para no enojarla. En particular me molesta cuando
Washington pretende ignorar que el núcleo central del conflicto cubano
es interno y no bilateral.
Dos noticias, aparentemente no relacionadas, llamaron mi atención la
pasada semana. Por un lado, la invitación a actuar en la Casa Blanca,
por el Día de la Hispanidad, que el presidente Obama le hizo al grupo
musical Buenavista Social Club, representante de la Vieja Trova cubana,
hoy a cargo de Omara Portuondo, una de sus integrantes originales junto
a Eliades Ochoa. Por otro lado, Pablo Milanés —icono musical de la
izquierda hispana y cofundador de la Nueva Trova que emergió con el
proceso revolucionario en la Isla— declaró esa misma semana a la prensa
internacional: "Estoy … defraudado por unos dirigentes que prometieron
un mañana mejor, con felicidad, con libertades y con una prosperidad que
nunca llegó en 50 años". Y sobre las muy publicitadas medidas
gubernamentales adoptadas por Raúl Castro precisó: "Siempre he dicho que
esas aparentes aperturas han sido un simple maquillaje. Hay que ir al
fondo, al pueblo de a pie para ver que nada ha cambiado".
Recordé que Omara Portuondo —una excelente cantante de larga trayectoria
artística— firmó en 1994, junto a un grupo de artistas e intelectuales,
una infame carta que endosaba el fusilamiento expedito, a apenas una
semana de su apresamiento, de tres afrodescendientes cubanos que
intentaron escapar de Cuba secuestrando una pequeña embarcación. Pablo
Milanés y algunos otros resistieron las presiones de las autoridades
cubanas con dignidad y rehusaron suscribir aquella declaración.
A la Cumbre de las Américas celebrada en abril en Ciudad Panamá, además
de la delegación gubernamental cubana, fue enviado un segundo avión de
porristas que bajo el ropaje de sociedad civil cubana tenían la misión
de desacreditar, e incluso de escupir y golpear, a disidentes cubanos
allí invitados por las autoridades panameñas. Bajo la consigna de que no
podían tan siquiera compartir asientos en una misma sala con los que en
Cuba piensan distinto, quisieron chantajear a los organizadores del
evento paralelo de la sociedad civil, para monopolizar micrófonos y
excluir las voces de los disidentes cubanos. Por eso fue tan positiva e
importante la reunión que sostuvo allí el presidente Obama, junto a
otros de América Latina, con una pequeña representación de aquellos
opositores cubanos. Con esa reunión los presidentes parecían marcar un
estilo constructivo y principista: no se rendirían ante el chantaje
montado por La Habana en Panamá. Obama, y los pocos mandatarios
latinoamericanos que también asistieron a aquella conversación,
reafirmaban de ese modo su derecho a reunirse con el general presidente
Raúl Castro, y también con sus opositores.
Pero las cosas han cambiado.
Primero se vio en julio pasado una clara asimetría entre el
comportamiento de Cuba y el de EEUU a la hora de seleccionar sus
respectivos invitados al alzamiento de las banderas en las recién
estrenadas sedes diplomáticas. Para la ocasión, La Habana invitó a sus
voces más fieles, mientras EEUU se escondió tras el argumento ridículo
de la falta de espacio para excluir de la ceremonia a todos y cada uno
de los disidentes cubanos. Un breve encuentro posterior con el
secretario de Estado John Kerry fue el sutil desagravio que pretendió
cerrar aquel lamentable episodio. Desde entonces, los periodistas
independientes también han sido excluidos de las conferencias de prensa
que ofrecen altos funcionarios estadounidenses de visita en la Isla.
En ocasión del Día de la Hispanidad, la Casa Blanca perdió una nueva
oportunidad de demostrar que su apertura no supone concesiones ante la
política de destierro y exclusión por razones ideológicas de La Habana.
Desperdició una ocasión inmejorable —como la que sí supo aprovechar en
Panamá— para enviar un mensaje claro de que no aceptaría sumarse, por
oportunismo político, a la discriminación de una parte de los artistas y
creadores cubanos.
Lo que es de lamentar no es que invitasen a la Casa Blanca a Omara
Portuondo como integrante del Buena Vista Social Club. Lo deplorable es
que no se aprovechase la ocasión para invitar también a otros artistas
que supieron proteger su dignidad en circunstancias muy adversas, como
el propio Milanés, cuando Omara no encontró el coraje para defender la
suya. En 2013, la entrega de la Medalla de la Libertad al famoso
trompetista cubano Arturo Sandoval fue un gesto de Obama que rebasó el
mero reconocimiento a su enorme talento musical.
Invitar a actuar, al menos dentro del mismo programa, a artistas cubanos
de distintas latitudes ideológicas hubiese sido una señal de que la
política anunciada el 17D es coherente con el principio de defensa del
pluralismo. Habría sido una iniciativa simbólica dirigida a alentar la
tolerancia y el diálogo entre cubanos de posiciones radicalmente diferentes.
Sería pueril suponer que la selección no tuvo nunca en cuenta esa
posibilidad. Sin embargo, decidieron no hacerlo. Primó la idea de que
ello ofendería a la dictadura que a su vez bloquearía la participación
del Buena Vista Social Club. Severa miopía política. La idea de que se
puede solicitar a Gloria y Emilio Estefan que organicen veladas en su
casa para recaudar fondos y apoyos en tiempo electoral para luego, en
otro contexto, evitar coincidir con ellos u otros artistas cubanos que
resulten "conflictivos" a los ojos de Raúl Castro, refleja un
oportunismo extremadamente torpe.
Si el presidente Obama toma en serio los llamados a la reconciliación
entre cubanos, hechos no solo por el papa Francisco durante su visita a
la Isla, sino por varias organizaciones y personalidades del exilio y la
isla desde hace años, debe entender que EEUU —un factor externo de un
conflicto nacional de matriz endógena— tiene ahora la obligación de
contribuir a facilitarla. Pero las genuflexiones ante la intolerancia de
la dictadura no son el mejor camino a ese fin.
Source: La dignidad de los ausentes | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1445369902_17608.html
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