Saturno bota el sofá
HÉCTOR ANTÓN | La Habana | 8 Ago 2013 - 9:53 am.
El vallista Dayron Robles deja en evidencia a las autoridades deportivas
de la Isla. El modelo castrista de control del deporte se agota.
Razonemos juntos
Vito Corleone
El movimiento deportivo cubano se devora a sí mismo. La saga del
castrismo fracasa en su anhelo de mantener en un puño a los bisnietos de
la revolución. Los estímulos morales-materiales no alcanzan para
compensar los saldos financieros en manos ajenas. El yugo que fundía
ética y conveniencia rompió la cadena que unía la lealtad colectiva y el
desinterés individual, postura de una mayoría que ni siquiera reclamaba
un mínimo de confort.
El vallista Dayron Robles se negó a continuar siendo un traidólares y el
Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) lo
ha convertido en un traidor. El ansia de autonomía política, económica y
civil le impide al atleta guantanamero ser un competidor independiente
que desea seguir representando a su país, pero al margen de presiones
extradeportivas.
Como resultado de la protesta oficial cubana, Robles ha debido someterse
a una "regla dormida" de la Federación Internacional de Atletismo
(IAAF), que le obliga a ser ciudadano de un segundo país durante tres
años para poder intervenir en mundiales y olimpiadas. Por lo que Dayron
será uno de los grandes ausentes del Campeonato Mundial de Atletismo,
previsto para disputarse en Moscú en apenas dos días. Además, se torna
difícil que llegue a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro-2016.
Botando el sofá
Una alegoría popular retrata el entramado dominante del nacionalismo
insular. Un tipo sorprende a su mujer engañándolo con otro hombre y,
antes de botar a la mujer, tira el sofá a la calle. En el conflicto que
nos ocupa, el cornudo es el poder traicionado por ese hombre de la
multitud que despierta en una ciudad distante, añorando a su lugar de
origen en plena libertad.
El problema de Cuba es la satanización o pánico al dinero, esa doble
moral que intenta pasar gato por liebre. La moneda dura o su falta
libera o esclaviza a quienes desempeñan cualquier actividad que requiera
autonomía. Razón que explica el silencio periodístico con respecto a las
ganancias económicas que proporciona el deporte, ya sean para engrosar
las arcas del Estado o para suplir las necesidades de quienes las
obtienen y merecen por sus sacrificios.
Un ejemplo de este mutismo purista fue cuando se divulgó la
participación del Gran Maestro Leinier Domínguez en la Liga Rusa de
Ajedrez, jugando como tercer tablero del Club de San Petersburgo. La
nota obviaba el factor económico, distinguiendo el fogueo internacional
que necesita un trebejista de este nivel. El lector de esta "cobertura
informativa" experimentaba la sensación de que Domínguez intervendría en
una liga amateur.
Por su parte, la incursión del beisbolista Alfredo Despaigne en la Liga
Mexicana del Pacífico parece un contrato internacionalista, donde un
pelotero establecido busca superarse en otro contexto, prestando ayuda a
una "nación hermana". Algo ridículo después de que a Michel Enríquez y
Yordanis Samón los devolvieran en tiempo record por diferentes motivos
basados en una misma causa: generaban más pérdidas que ganancias.
En el recién finalizado IX Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba
(UPEC), se abordó el tema del compromiso con la verdad de la prensa
nacional. Pero, ¿a quién o a quienes le deben lealtad los reporteros
oficiales? ¿Al simulacro de la nomenclatura o a la ansiedad informativa
de quienes se desgastan en pesquisas y especulaciones clandestinas?
Es increíble la facilidad con que en Cuba soslayan al deporte y sus
atletas. Cualquiera diría que estamos en presencia de una cloaca que
traga músculos, sudor y quimeras, para luego expulsar excrementos. Basta
mencionar a la desmantelada selección masculina de voleibol y su
patética actuación en la XXIV Liga Mundial. Y nos preguntamos: ¿Cómo es
posible que el Gobierno se permita el lujo de perder a jugadores como
Ihosvany Hernández, Robertlandy Simón o Wilfredo León?
Por lo visto, el deporte como imagen del proceso revolucionario dejó de
ocupar el sitio privilegiado de antes. Ya los deportistas cubanos no
tienen un godfather exigente y cordial a quien dedicarle sus proezas y
medallas, capaz de hacerlos soñar con prebendas adicionales y un "retiro
honorable".
Todo este repertorio de escamoteos conduce al patriotismo ciego que
insiste en preservar el INDER como emblema de la política. ¿Acaso Dayron
Robles no puede ser un millonario en su tierra, como el trovador
"independiente" Silvio Rodríguez? ¿Qué obstaculizaría al todavía joven
corredor gozar de una emancipación financiera sin renunciar al
cuestionamiento de una "sociedad perfecta", como hace el también
trovador Pablo Milanés?
El money es un fantasma en el trasiego épico de la revolución cubana.
Virtualidad cínica de una centrífuga que pretende molerlo todo. Como
dice el cronista del asfalto Carlos Varela en su canción La política no
cabe en la azucarera: "Todos quieren vivir en el Noticiero/ Allí no hace
falta nada/ No hace falta dinero". Varela se refiere, por supuesto, al
Noticiero de la Televisión Cubana.
Posdata global
Un campeón olímpico y explusmarquista mundial no es solamente orgullo de
una nación, sino del mundo. Tal vez Dayron Robles no lleve nunca más las
cuatro letras de Cuba en el pecho de su camiseta. Ya sea representando
al Club AS Mónaco o como ciudadano de una especie de patria portátil,
sus futuras victorias seguirán formando parte de la memoria atlética de
millones de ciudadanos, a pesar de los intentos de voluntariosos
activistas, como el remoto campeón olímpico de Montreal 76 Alberto
Juantorena, que justifican las arbitrariedades ocultas en nombre del
"robo de talentos".
Para los nuevos dirigentes cubanos, mantener una postura intransigente
garantiza flotar en la marea poscastrista, matizada por aperturas y
mudanzas cocinadas a fuego lento. Sin embargo, personajes tenebrosos,
como Juantorena, carecen del cinismo estratégico para ser ingenieros de
almas, a la vieja usanza estalinista. En lugar de ganarse a la masa,
devienen enemigos del pueblo.
El elegante de las pistas —como le llamaban al mediofondista
santiaguero— que llegó al corazón de tanta gente deviene cancerbero
político, despreciado por quienes sienten y padecen nuestro deporte como
un naufragio en tierra firme. Todo por un juego donde no se admite la
derrota, cuando no se implementan medidas de urgencia para evitarla.
Solo necesitamos visitar los precarios Consejos Voluntarios Deportivos,
para comprobar que la masividad deportiva brilla por su ausencia.
Tronchar la carrera y el estatus cívico de un atleta insignia significa
lacerar la sensibilidad popular. Porque hasta el más desposeído
habitante de la Isla le desea a Dayron Robles toda la fortuna del mundo.
Robles no se vendió por millones de dólares, como no lo hiciera el
tricampeón olímpico y mundial Teófilo Stevenson (1952-2012). Pero los
mismos que celebraron aquel "gesto heroico" de Stevenson, hoy obligan a
Robles a venderse.
Esa constante renuencia de las autoridades a permitir el libre albedrío
como un accidente orgánico de la contemporaneidad, ha puesto al
descubierto las artimañas de un moribundo y temeroso Saturno, quien ante
la insubordinación de uno de sus hijos célebres, no encuentra otro
remedio que botar el sofá.
Source: "Saturno bota el sofá | Diario de Cuba" -
http://www.diariodecuba.com/deportes/1375919729_4550.html
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