'Alguien tiene que informar'
Calixto Martínez.
DDC | Praga | 13 Jun 2013 - 9:12 am.
El periodista independiente Calixto Martínez habla de su paso por
prisión y de la fundación de la agencia Hablemos Press.
El periodista independiente Calixto Ramón Martínez no se formó en la
universidad ni se curtió en la redacción de un periódico, sino en las
calles y en la cárcel. Hace algo más de ocho semanas fue liberado tras
pasar siete meses en prisión, por atreverse a investigar qué había
sucedido con cierta ayuda humanitaria internacional extraviada en el
Aeropuerto José Martí de La Habana, que jamás llegó a los enfermos de
cólera.
A Martínez nunca se le presentaron cargos. Tres huelgas de hambre y
constantes maltratos por parte de los guardias no han servido para
alejarle de una profesión que asegura que seguirá ejerciendo, y que para
él y sus compañeros se traduce en la lucha diaria por la libertad de prensa.
Calixto Martínez decidió empezar a trabajar como periodista en 2009,
cuando se creó la agencia de prensa independiente Hablemos Press, bajo
el liderazgo de Roberto de Jesús Guerra Pérez, entonces recién liberado
tras haber cumplido dos años de prisión, también por ejercer el
periodismo independiente.
"El proyecto de crear una agencia se fue gestando mientras de Jesús
estuvo en la cárcel, y cuando por fin fue liberado comprendimos que
alguien tenía que informar de lo que estaba pasando; que alguien tenía
que hacer el trabajo que hacemos ahora", comenta Calixto. Cuatro años
después, Roberto de Jesús continúa siendo el director de Hablemos Press,
y Calixto trabaja a su lado.
"Cuando estaba encerrado pensaba sobre todo en mis compañeros y en que
desde ahí dentro no podía ayudarles. Yo sé la escasez de periodistas
independientes que hay en Cuba y la cantidad de información que se
oculta y que hay que comunicar", comenta Martínez. Y es que el riesgo y
el miedo presentes día tras día hacen que para los miembros de Hablemos
Press ser periodista independiente hoy en Cuba sea más una decisión
vital que una profesión. "Sé que en cualquier momento pueden volver a
encarcelarme, porque el trabajo que realizo es muy molesto para el
Gobierno".
Calixto siempre supo que su encarcelamiento era injusto, y hubo momentos
en los que temió derrumbarse. Pero el apoyo que recibió por parte de sus
compañeros le ayudó a mantenerse la mente positiva en los peores
momentos. Hoy sigue convencido de que fue la presión que se ejerció
dentro y fuera de la Isla la que obligó al gobierno cubano a ponerle en
libertad, y de que el último empujón lo dio Roberto de Jesús, su
director en Hablemos Press, cuando decidió acompañarle en su tercera
huelga de hambre.
"Quiero agradecerles su perseverancia a todos mis colegas de trabajo,
que se mantuvieron firmes luchando por mi libertad, y también a las
organizaciones internacionales que defienden la libertad de prensa como
Reporteros sin Fronteras y Amnistía Internacional, que libraron una gran
batalla por mi liberación", reitera Calixto, e insiste en la importancia
de que se oiga la voz de los periodistas independientes dentro y fuera
de Cuba, más allá de la información proporcionada por los medios
oficiales, controlados por el Gobierno.
Lo peor que le sucedió a Calixto Martínez en prisión no es ninguna
sorpresa: el maltrato por parte de los guardias, que le retiraban el
agua durante sus huelgas de hambre y hasta llegaron a quitarle el
colchón en que dormía. Lo mejor que le sucedió, sin embargo, no es tan
evidente: "Sin duda, fue el trato de los otros reos, que me dieron muy
buena acogida y fueron siempre muy respetuosos conmigo".
Aunque el suyo no sea el primer caso de buen trato que reciben los
presos políticos por parte de los presos comunes, no es por eso menos
alentador. Y es que quizás algo está cambiando en Cuba, algo que se
refleja en el interior de las prisiones. Quizás, de hecho, el proceso de
cambio lleve ya varios años.
Cuenta Calixto lo que le sucedió a Roberto de Jesús Guerra cuando
ingresó en prisión, en 2007:
"Otros compañeros le habían avisado de que cuando pasase por delante de
las celdas no diese la mano a los presos que se la ofreciesen, pues
podrían tirar de él hacia las rejas y hacerle daño. Así, Roberto, como
precaución, no quiso darle la mano a un hombre que se la ofreció
cordialmente a través de los barrotes. Días después, aquel preso, que
resultó ser el cabecilla de la prisión, se acercó a hablar con él, y le
preguntó por qué estaba allí. En el patio de la cárcel, el hombre se
puso junto a Roberto y alzó la voz: 'este hombre —dijo señalándole— es
más valiente que todos nosotros porque está aquí por decir lo que
piensa; así que el que se atreva a hacerle algún daño, me lo está
haciendo a mí'".
http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/1371107541_3730.html
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