1 de abril de 2013

Entrevista a William Navarrete

Literatura, Exilio, Disidencia

Entrevista a William Navarrete

"No hay nada más parecido a un castrista visceral que un castrista
visceral arrepentido"
Félix Luis Viera, México DF | 01/04/2013 9:41 am

William Navarrete (Cuba, 1968), historiador del arte, poeta, ensayista y
novelista, también incursiona en el periodismo escribiendo para revistas
y periódicos como El Nuevo Herald en el que colabora desde hace 14 años.
Defensor de la causa para la democracia en su país natal, adonde no ha
vuelto desde que se exiliara en Francia hace 20 años, a lo largo de una
década ha organizado decenas de presentaciones de artistas e
intelectuales en la capital francesa y coordinado varias antologías,
como la del Centenario de la República Cubana, la de homenaje a Lezama
Lima o la de poetas cubanos contemporáneos en París. En la actualidad
administra dos blogs cuyas temáticas, entre otras, abordan el arte y la
literatura de la Isla y la situación política que se vive en esta.

Cubaencuentro lo entrevista sobre varios de los temas más actuales de la
Cuba de hoy y acerca de su más reciente obra, La danse des millions,
novela publicada recientemente en el país galo.

¿Cómo ven desde Francia los "cambios" en la política del régimen castrista?

William Navarrete (WN): Hay franceses que me preguntan sobre esos
cambios. Es la idea que tienen porque así ha sido abordado por la prensa
aquí. Es cierto: hay cosas que han cambiado. No solo en Cuba, sino en
cualquier lugar del mundo. Donde quiera ha habido siempre cambios.
Cuando yo vivía en Cuba era ilegal tener dólares. Después de mi salida
el dólar se convirtió prácticamente en la moneda nacional hasta que
inventaron el CUC. Eso, si se quiere, fue un cambio. Recientemente se
han abierto algunos espacios. La Iglesia católica, por ejemplo, parece
vivir una especie de luna de miel con el régimen. La procesión de la
Virgen de la Caridad por toda la isla era impensable en la época en que
yo viví en Cuba. También despenalizaron el tema de la homosexualidad.
Por supuesto, esa "pink revolution" está muy bien pero no es un tema
prioritario con respecto a problemas que en realidad afectan a la gran
mayoría e incluso a esta minoría. Han flexibilizado ahora la entrada y
salida de los cubanos. Es evidente. Conozco a mucha gente que siendo
incluso "refugiados políticos" han vuelto de lo más campantes. En París
he visto que personas que enarbolan públicamente las banderolas de la
intransigencia anticastrista (para parafrasear desde esta orilla el
excelente artículo de Miriam Celaya) que frecuentan a esos que van y
vienen. Te voy a contar una anécdota. A fines de la década de 1990 había
un cubano que vivía ilegal en París desde hacía bastante tiempo. Entre
varios exiliados se le apoyó y aunque costó Dios y ayuda se logró que le
dieran el asilo político. A los cinco años de tener dicho asilo se las
ingenió para cambiar su estatus por el de residente en Francia, con lo
cual lo primero que hizo fue regresar a cada rato a Cuba. Hasta ahí me
parece muy bien que cada cual haga lo que la conciencia le dicte y lo
que estime pertinente. El problema es que algunos de los que gritan a
favor de la "pureza" lo siguen frecuentando y hasta van de bailoteo y
todo a un sitio que dirige el supuesto renegado. ¿Quién se atreve a
decirme que esto no es un cambio? Claro, frecuentan aquel sitio contando
con el factor que pocos conocen la historia porque ni muertos lo
reconocerían en público si el caso fuera conocido. Les va de su
prestigio de intransigentes.

Otra de las medidas es permitir ciertas actividades cuentrapropistas.
También dejar que los cubanos compren casas si tienen con qué y cómo
justificarlo, que entren en los hoteles que antes estaban reservados a
extranjeros, que se vuelvan a escuchar en la radio determinados
cantantes prohibidos. Nada de esto era posible hasta hace poco. Es más,
en la época en que yo viví en Cuba solo salían del país tres categorías
de personas: los que se iban definitivamente al exilio, los que formaban
parte de las delegaciones oficiales y quienes cumplían misiones
internacionalistas. O sea, salían solamente los deportados y los
colaboradores. Ahora, por lo que veo, sale todo el mundo. Tanto es así
que muchos exigen regresar. Esto me deja perplejo, pues
independientemente de las grandes limitaciones que existen en la Isla se
necesita bastante aplomo para soportar la cotidianeidad cubana sobre
todo si ya se ha probado otro estilo de vida en otras latitudes. Por
último, entre los cambios habrá que añadir aspectos que todos olvidan:
la higiene, la medicina y la educación nunca habían alcanzado índices
tan bajos. ¿Son o no también parte de los cambios?

¿Cómo ha sido observado el fenómeno de la nueva "ciberdisidencia" en el
exilio cubano en Francia y en la sociedad francesa en general? ¿Cuál es
su opinión personal?

WN: Es un fenómeno muy interesante que merece nuestra atención. Con los
cambios en la tecnología también ha habido cambios en la manera de
enfrentarse al monolitismo político oficial. Los extremos se tocan, como
ya sabemos. No hay nada más parecido a un castrista visceral que un
castrista visceral arrepentido. Sucede lo mismo que con los convertidos
a una nueva religión. Hay excepciones, como siempre. Lo que sucede es
que a antiguos castristas o simples oportunistas que fingieron serlo al
cambiar de discurso en el exilio se les olvidó mutar de grupo sanguíneo.
Tienen el castrismo tan profundamente inoculado en sus venas que sufren
de una especie de intoxicación "bactereocastrista" de por vida. Todo el
mundo se da cuenta excepto ellos. Castristas de larga trayectoria al fin
y al cabo, no le dan el beneficio de la duda a nadie. Se creen a veces
en campaña política y se proyectan, con esa típica egolatría heredada
también del régimen, en una hipotética tribuna desde la que se miran sus
propios ombligos de candidatos a parcelas (virtuales) de poder.

Es muy interesante (y hasta divertido) observar estas cosas. Como la
intransigencia la aprendieron allá saben lanzarse como fieras contra
cualquiera que disienta desde una perspectiva que no sea exactamente la
de ellos. No entienden que el problema no está en que muestren sus
desacuerdos con respecto a unos u otros, sino en que lo muestran en
términos y maneras similares a los de los cederistas y federadas en
pleno mitin de repudio. Dejan, la verdad, una imagen bastante lamentable
de ellos mismos y ayudan sin saberlo a que sus enemigos declarados ganen
cada vez más simpatizantes. Mientras más se intente lapidar a alguien
con este tipo de acto de repudio físico o verbal más apoyo obtendrá de
mi parte el lapidado.

Todo proyecto que tenga por objetivo crear espacios de libertad en Cuba
debe ser bienvenido. Lo que se hace desde diversos espacios de la
sociedad civil cubana debe ser siempre apoyado por todos. Ya habrá
tiempo para que cada cual defina sus fronteras. Ahora lo que cuenta es
lograr que la sociedad se vuelva plural y sea reconocida por el gobierno
como tal.

¿Y cómo circula este tipo de información en Francia?

WN: En Francia el nivel de información es bajo. La gente se entera de
qué pasa en Cuba cuando los diarios publican, de vez en cuando, una
noticia. Las nuevas leyes migratorias, la nominación de Miguel
Díaz-Canel, los brotes de cólera de los últimos tiempos, por ejemplo,
han aparecido en la prensa. Sin embargo, análisis serios, de contenido,
ha habido muy pocos en los últimos tiempos. Cuba vista desde aquí sigue
siendo un destino turístico. De vez en cuando a algún político francés
se le ocurre viajar a la Isla para ver qué posibilidades hay de realizar
inversiones. Hace apenas unos días la muy leída revista L' Express
publicó un reportaje titulado "Cuba: tímido regreso del lujo gracias a
las reformas económicas". Explicaba que había cubanos residentes en la
Isla que podían pagarse el lujo de un fin de semana en Varadero a 200
dólares la noche o que se convertían en miembros de un gimnasio que les
cuesta hasta mil dólares anuales. El reportero tuvo la precaución de
añadir que buena parte de esa burbuja se debe a las remesas familiares,
aunque reconoció también que a la riqueza generada por el
"cuentapropismo". Al final añade algo que yo o alguien que haya vivido
en Cuba y conozca el Código Penal lo deja pasar por alto. Dice
textualmente "La tímida reaparición del lujo no es por tanto
ostentatoria... Todos tienen presente el ejemplo de un vecino denunciado
por enriquecimiento ilícito". A buen entendedor...

¿Cómo es la relación de los cubanos exiliados en París?

WN: Exiliados propiamente dicho quedan muy pocos: la mayoría de los
cubanos que viven en Francia, incluso aquellos que llevaban más de tres
décadas, han regresado a Cuba al menos una vez. No digo que no haya,
sino que quedan pocos. Si te refieres más bien a la emigración entonces
vale decir que no existe centro hacia el que todos converjan. En la
década de 1990, hubo salas de baile, centros nocturnos e incluso
asociaciones culturales y políticas que reunían a muchos cubanos de
París. Hoy día creo que queda poco de eso. En provincias, por el
defasaje que siempre hay con respecto a la capital, he oído decir que
existen asociaciones culturales creadas por cubanos. En una ciudad como
Niza, por citar una que conozco muy bien, hay un restaurante
absurdamente llamado La Bodeguita del Havana donde se reúnen algunos
compatriotas. También un club bailable llamado Samsas que ofrece noches
de temática cubana. Ese tipo de ambiente existió en París pero hoy día
ha ido decayendo. Otras corrientes de moda terminaron por desplazar la
fiebre cubana generada a raíz del grupo musical Buena Vista Social Club.

En cuanto a la literatura propiamente dicha puedo mencionarte a esa gran
dama de nuestras letras que es Nivaria Tejera y cuya novela El Barranco
acaba de ser reeditada en una bellísima edición de la editorial La
Contre-allée. También al dramaturgo José Triana a quien tengo además de
vecino y con quien departir da pie a evocaciones de una Cuba que él
conoció antes de que yo naciera. En ese mismo ámbito publican con éxito
autores como Leonardo Padura, Wendy Guerra, Karla Suárez y Abilio
Estévez, quienes no viven en Francia pero tienen editores franceses. Ha
sido incluso publicada una novela de Enrique Serpa, autor fallecido y
poco conocido incluso por los del patio. Otros nos han dejado, como hace
apenas tres años el escritor Juan Arcocha, quien vivía en París desde
hacía más de tres décadas. Pero como sabes aquí vivieron escritores y
artistas como Lydia Cabrera, Severo Sarduy, Alejo Carpentier, Wifredo
Lam, Agustín Cárdenas, Julio Herrera Zapata, Guido Llinás, Ángel Acosta
León, Amelia Peláez, Loló Soldevilla, entre muchos otros. En la
actualidad hay muchos jóvenes artistas, músicos, cineastas que ni
siquiera conozco. Todos, poco importa en qué medida, han dejado y dejan
algo en el imaginario de los franceses con respecto a Cuba. Y si unos
hablan de una Cuba que tal vez no sea la mía me parece muy bien que lo
hagan porque en definitiva esa es la ellos y cuenta y vale tanto como la
mía.

¿Qué acogida ha tenido en Francia la reciente publicación de su novela
La danse des millions, publicada por Editions Stock? ¿Cuál ha sido su
experiencia al respecto?

WN: Es una primera novela. La publiqué primero en España, en 2011, con
el título La gema de Cubagua. Anteriormente sólo había publicado aquí
dos libros de ensayos sobre temas musicales que escribí en francés y uno
de cuentos sobre el Louvre. En español sí tenía más de una docena de
libros entre poesías, ensayos, antologías, escritos periodísticos,
monografías críticas de arte, etc. Siempre es estimulante conversar con
el público. Hace apenas unas semanas en un salón literario en
Enghien-les-Bains, al norte de París, cuando anunciaron que era cubano
se me acercaron dos personas que no conocía y que me contaron sus
propias experiencias. Una de ellas era sobrina de la escritora de
expresión italiana Alba de Céspedes, hija del presidente Carlos Manuel
de Céspedes y Quesada y nieta del "Padre de la Patria", el patriota
Carlos Manuel de Céspedes. La otra era la sobrina del pintor rumano
"aplatanado" en Cuba Sandú Darié. Siempre en esos salones uno termina
intercambiando con personas con intereses comunes que de otro modo nunca
las hubiéramos encontrado. Lo mismo me sucedió en el Salón de París que
acaba de terminar. Y seguirá sucediendo, espero, en cada una de las
numerosas ferias y salones a las que asistiré a partir de este mes. Un
lector que se acerque a un libro es una puerta que se abre no para mí
sino para las letras de ese libro prisioneras del papel. Mi función es
un poco esa: hacer todo lo posible para que las letras vuelen libremente
y encuentren sus propios destinatarios. Ese es uno de mis objetivos.

Gracias, William.

WN: Al contrario: gracias a Cubaencuentro.

http://www.cubaencuentro.com/entrevistas/articulos/entrevista-a-william-navarrete-283668

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