Irán y Cuba, dos historias diferentes
[14-02-2014]
Elías Amor
Economista
(www.miscelaneasdecuba.net).- Los iraníes conmemoran este martes el 35º
aniversario de la revolución que convirtió su país en una República
Islámica. Veinte años antes, los comunistas de Fidel Castro imponían por
la fuerza una dictadura en Cuba. Unos y otros han evolucionado de forma
distinta.
Los primeros aprovechan los festejos del aniversario de este año para
intentar una cierta aproximación a la comunidad internacional superando
el atávico enfrentamiento con EEUU y, claro está, de momento sin
renunciar a los valores de la revolución islámica de Jomeini que muchos
consideran pasada de moda. Los iraníes han descubierto que la
negociación del programa nuclear convertido en una apuesta del sector
más duro del régimen, es la plataforma que debe servirles para dejar
atrás las sanciones que ahogan la economía y facilitar esa progresiva
inserción de Irán en el mundo.
Los Castro y su propaganda de la guerra fría continúan atrincherados en
la Habana, sin comprender que su futuro y el de su dictadura, está
gravemente comprometido. Simplemente, que no existe. Se han inventado
unos "Lineamientos" para introducir pequeños cambios cosméticos en la
economía estalinista, sin que se ceda el enorme poder económico que
reside en la cúpula del sistema y en el estado. Ni libertad de empresa,
ni derechos de propiedad, ni tampoco mercado como instrumento de
asignación van a permitir que abran rendijas en el patrimonio militar y
de la seguridad del estado, que supone la mayor concentración de poder
económico de América Latina.
Después organizan una cumbre de la CELAC para anunciar una integración
latinoamericana al margen de Estados Unidos y estrechamente dependiente
de la Venezuela chavista y de China, que trata de ejercer su papel de
potencia emergente en la región. Y les sale bien. Durante varios días se
inundan los medios de comunicación con imágenes de los mandatarios de
América Latina, muchos de ellos participando en el show que Fidel Castro
organizó para dejar a su hermano fuera de juego.
Por si fuera poco, la Unión Europea anuncia que va a negociar una nueva
estrategia con la dictadura castrista que sustituya a la Posición común,
y La Habana no protesta por las condiciones exigidas de partida, y desde
Estados Unidos se anuncia que alguna encuesta pide abiertamente el fin
de las hostilidades con Cuba.
Hay que preguntarse qué ha podido suceder en el mundo para que se
produzcan estos fenómenos, aparentemente distintos, en Irán y Cuba.
En Irán las autoridades han descartado el abandono del programa nuclear
y reclaman negociaciones "justas" con las grandes potencias. Unas
palabras que buscaban contrarrestar las acusaciones de quienes le habían
atacado de estar claudicando ante Occidente. Desde su llegada al
Gobierno el pasado verano, se han hecho evidentes las tensiones y
contradicciones que afronta. Hace apenas cuatro días, la máxima
autoridad del país, el ayatolá Ali Jamenei, ha vuelto a sentir la
necesidad de pedir tolerancia a la oposición conservadora que no deja de
criticar la negociación nuclear con las grandes potencias. Ya se ha
convertido en habitual que ante cada pequeño gesto o avance, los duros
del régimen se lancen a atacar al presidente o al jefe negociador y
ministro de Exteriores, Mohammad Javad Zarif.
En Irán el paradigma está claro. Los moderados quieren incorporar al
país al orden internacional, los duros se resisten, pero es evidente que
debajo existe una corriente social de modernización que aspira a superar
traumas del pasado y a que entre aire fresco en la nación. Que esas
fuerzas de la moderación triunfen dependerá el éxito de los reformadores
y desde luego, que Occidente sea capaz de valorar lo que significa que
Irán deje de ser un foco de conflicto internacional.
Pero en Cuba no hay síntoma alguno de querer cambiar. La oposición
política sigue siendo reprimida y los actos de repudio y de violencia
contra inocentes se siguen organizando desde las filas del partido
comunista y sus secuaces. No existe pluralidad política y cuando alguien
se manifiesta al margen de la doctrina oficial, es reprimido. Es cierto
que los blogueros independientes y algunos disidentes han podido
acogerse a la reforma migratoria, pero cuando regresan a la Isla vuelven
a ser víctimas de las misma vejaciones aumentando su infortunio. En
Cuba, no existe la rivalidad política para los Castro. Simplemente se
aplasta.
Raúl Castro no ha hecho una sola declaración en la que se cuestione
aspecto alguno de la dictadura. El régimen continua alardeando su
propaganda para actuar contra Estados Unidos, cada vez que tiene
cualquier oportunidad, y trata de identificar apoyos internacionales
para sus causas perdidas, como la liberación de los 5 terroristas
detenidos, juzgados y condenados por la justicia de EEUU, que por
cierto, ya apenas quedan dos tras las concesiones de libertad y
cumplimiento de penas. Mientras tanto, languidece un ciudadano de EEUU
en las cárceles castristas, simplemente por haber realizado acciones de
cooperación al desarrollo en Cuba sin consentimiento de las autoridades.
Diaz Canel, el segundo de Raúl Castro, ha hecho alguna declaración a
favor de la libertad de la prensa o el uso de la televisión, pero las
informaciones que se publican en la Isla siguen estando controladas por
la dictadura hasta el punto que recientes informes de organizaciones
internacionales de prensa sitúan en Cuba uno de los países mas controlados.
No existe intento alguno por las autoridades de avanzar hacia la
reconciliación nacional. No es posible. Demasiadas generaciones de
cubanos han debido salir al exterior, por motivos diversos, y
casualidades del destino, sus envíos de dinero a las familias son el
principal sostén de la economía en las actuales condiciones. Nada nuevo
bajo el sol. Todas las reformas de los llamados "Lineamientos" van
dirigidas a desviar recursos de esa corriente de ingresos procedentes
del exterior, que está teniendo un impacto muy destacado sobre la
demanda de consumo interno y determinadas obras y reparaciones en las
viviendas.
En las universidades castristas se sigue expulsando a los estudiantes
que se enfrentan a la doctrina oficial, a pesar de que con ello
hipotecan su futuro, ya que en Cuba no existen otras alternativas en el
sector privado. La sanidad, la educación, los servicios sociales han
experimentado deterioros notables como consecuencia de la política de
envío de profesionales al exterior para obtener ingresos. Los salarios
reales se desploman en presencia de bajos sueldos monetarios que apenas
permiten llegar a fin de mes. El modelo de economía castrista se acaba,
y no han preparado el recambio con suficiente antelación. Sin la ayuda
de Venezuela, las cosas podrían ir mucho peor.
Alguien ha dicho que los Castro nunca han tenido un enfoque político
pragmático en sus relaciones internacionales. Empezaron confiscando sin
indemnización todo el capital productivo existente en el país al
comienzo de la revolución, y eso ofrece una idea del escaso talante
negociador. No conviene esperar gran cosa. La Unión Europea será la
primera en experimentar las consecuencias de su nueva estrategia. Pero
sin duda habrá más. Quiénes crean que Cuba puede seguir la misma
dinámica que Irán, simplemente no conocen a los Castro.
Source: Irán y Cuba, dos historias diferentes - Misceláneas de Cuba -
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/52fe26443a682e1ab84211fb#.Uv9WmPldWaI
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