Pedro Baños Bajo
lunes, 16 de agosto de 2010
La vuelta de Fidel Castro a la escena pública vuelve a abrir los
interrogantes sobre el futuro de Cuba. Por más que este Don Quijote de
La Habana parezca abonado al bálsamo de Fierabrás y haya tenido la
fortaleza de volver a embutirse en su armadura verde oliva, su avanzada
edad -84 años cumplidos el pasado día 13-y los serios problemas de salud
padecidos hacen dudar de su capacidad para seguir luchando durante mucho
más tiempo contra sus particulares gigantes.
Una vez que el pueblo cubano, fidelista hasta límites irracionales,
pierda a este auténtico flautista de Hamelín que ha sido capaz de
arrastrarle durante medio siglo, se plantea un futuro incierto, en el
que mucho tendrán que ver las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).
Ninguna transición será posible sin la anuencia y la complicidad de
dichas FAR - las cuales, por cierto, nunca han estado subordinadas al
Partido Comunista Cubano-, la institución más poderosa, influyente,
prestigiosa y mejor organizada de la isla.
Por un lado, su simbiosis con el pueblo es total. Ambos están unidos por
unos lazos fortísimos potenciados por la percepción, casi paranoica, de
sufrir una invasión. Desde niños, los cubanos son dotados de instrucción
militar -"todo cubano debe saber tirar, y tirar bien"-, perfeccionada en
los dos años de servicio militar obligatorio. Buen ejemplo de ello es el
millón de ciudadanos que integran las Milicias de Tropas Territoriales
(MTT), casi la mitad mujeres, las cuales son financiadas de modo
voluntario, en buena parte, por los propios milicianos.
Por otro, las FAR se han convertido en el alma económica del país. Su
entramado empresarial controla sectores tan claves y diversos como la
aviación comercial, la marina mercante, la pesca y la hostelería.
Cientos de empresas que dirigen la mayoría de las exportaciones,
realizan el 60% de las transacciones de divisas y controlan directamente
la mitad del turismo, con sucursales en medio mundo.
Considerando que las FAR, el "pueblo uniformado" según Camilo
Cienfuegos, jamás han sido empleadas como elemento de represión de sus
propios conciudadanos, una confrontación civil es harto improbable.
Incluso en el improbable caso de llegarse a dar una situación de
violencia generalizada y que se dieran órdenes políticas de intervenir
el ejército contra los ciudadanos, lo más probable es que hubiera
desacatos masivos.
El escenario más realista es que las propias FAR sean las primeras
interesadas en garantizar una evolución suave. Para empezar, los mismos
altos mandos considerarían que es una forma de poder manifestar
abiertamente su ya privilegiada posición sin el sempiterno temor a ser
acusados de corrupción. Para el resto de los cuadros de mando, que
comparten las mismas calamidades de la población, en la que viven
integrados sin disfrutar de prebendas especiales, es la ocasión propicia
para dejar atrás penalidades y poder ofrecer un futuro mejor para sus hijos.
Por todo ello, se puede aventurar que las auténticas conductoras de la
transición cubana serán las FAR, al menos hasta que surjan civiles que,
paulatinamente, se vayan haciendo con las riendas del país.
*Pedro Baños Bajo es Teniente Coronel de Infantería"
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