17-06-2011.
Elías Amor Bravo
Economista ULC
(www.miscelaneasdecuba.net).- Las relaciones del régimen castrista con
la Unión Europea parecen haber entrado en una nueva fase. Ante el
abandono por parte del gobierno socialista español del asunto de la
eventual modificación de la Posición Común, ya dijimos hace algún tiempo
que Trinidad Jiménez no siente por el régimen comunista de La Habana los
mismos sentimientos que su antecesor en la cancillería española, la
diplomacia castrista se ha lanzado a una estrategia para tratar de
"lavar su imagen" ante el resto de países de la Unión.
En estos términos es como hay que entender las recientes declaraciones
del director general para Europa de la cancillería cubana, Ernesto
Sentí, en las que afirma que "Cuba está dispuesta a avanzar" hacia la
normalización de las relaciones con la Unión Europea.
Aquellos que creen que este mensaje abriga alguna esperanza sobre la
verdadera buena voluntad de los castristas en materia de respeto a los
derechos humanos, democracia y libertad, no se deben hacer ilusiones. En
efecto, Sentí matiza su afirmación y señala que esa disposición a
avanzar se produce con un marco "nuevo, diferente y bilateral", y un
diálogo "entre iguales", para concluir con la misma obsesión de siempre,
que "la Posición Común que desde 1996 condiciona tales relaciones a
avances en democracia no enriquece los contactos".
Lamentablemente, no es así. No podemos compartir la afirmación del
diplomático castrista, ya que si su régimen se encuentra contra las
cuerdas, y busca como sea, el apoyo de la Unión Europea, es porque no ha
hecho adecuadamente los deberes. Es decir, con independencia de que el
sistema político diseñado por la revolución se encuentra en las
antípodas de los europeos, la situación interna de la Isla viene
caracterizada, todos los días, por informaciones relativas a golpizas,
detenciones por la seguridad del estado, hostigamiento, actos de
repudio, expulsión de personas del país, huelgas de hambre, protestas
sociales de todo tipo.
Nada apunta a una normalidad política, y mucho menos a un cambio por
parte del régimen. Por eso, no entiendo lo que quiere decir Sentí cuando
afirma que "nosotros seguimos dando pasos importantes porque creemos en
el Derecho Internacional, creemos en el respeto de los pueblos, pero
ahora la bola está en territorio europeo para definir los próximos pasos
a seguir". Falso, no hay nada que la Unión Europea pueda hacer en las
condiciones actuales, ni a partir de la situación concreta en que se
encuentra la Isla, por lo tanto, nada ha cambiado, y todo debe seguir igual.
Es cierto que los Veintisiete encargaron en 2010 a los servicios de la
Alta Representante de Política Exterior de la UE, Catherine Ashton, un
examen detallado de las opciones existentes para revisar las relaciones
con el régimen de Raúl Castro. Y ese estudio, por mucho que se empeñen
las autoridades castristas en lavar la imagen, solo puede conducir a un
resultado como el expuesto anteriormente. Las informaciones procedentes
de la Isla, mejoradas gracias a la actividad de los blogueros y los
disidentes que utilizan los escasos espacios que el régimen otorga al
desarrollo de las comunicaciones y las redes sociales, dibujan un
escenario lúgubre, con un perfil de continua represión de las
actividades políticas, que no es el más adecuado para que la Unión
Europea modifique su Posición Común hacia el régimen castrista.
El problema de las autoridades del régimen es que siguen negando la
mayor, y con esa actitud no hacen más que el ridículo. ¿Cómo es posible
que Sentí niegue la existencia de presos políticos en Cuba, cuando se ha
producido recientemente la liberación de más de un centenar, una noticia
que ha trascendido a todo el mundo? Venir a la Unión Europea para lanzar
un discurso político que se aleja de la realidad ya no sirve, porque el
castrismo no tiene la misma capacidad de propaganda que en el pasado, ni
cuenta con aliados en los Veintisiete que defiendan su modelo político.
De ahí el recurso a distorsionar desde Granma la actualidad española con
el movimiento de los "indignados", una forma de ver en el ojo ajeno la
paja que no se ve en el propio.
Si el régimen castrista ha liberado, muy a su pesar, presos políticos,
es como consecuencia de la presión internacional. Si el régimen ha
impulsado medidas para transformar la economía, de dudosa viabilidad y
efímeros resultados, es porque la presión internacional ha tenido éxito
en ello. La experiencia muestra que no existe el menor interés en la
política de los Castro por impulsar cambios en una dictadura que se
extiende por más de medio siglo. Solo una presión internacional basada
en la defensa de los derechos humanos, las libertades y la democracia,
como la ejercida por la Unión Europea, puede mejorar las condiciones de
vida de los cubanos y aumentar sus posibilidades de libertad.
El régimen castrista solo ha mostrado signos de evolución a resultas de
la presión internacional. No conviene olvidar que fue un instrumento al
servicio de la política bolchevique durante la guerra fría, y ahora se
mueve al dictado de los petrodólares de la Venezuela bolivariana.
Siempre ha actuado bajo las órdenes de sus financieros, y con una
política de enfrentamiento permanente con Estados Unidos que le ha
servido como justificante de su propio embargo y rechazo a los regímenes
democráticos. Pero el régimen castrista no ha sido capaz de diseñar una
relación con la Unión Europea. Ni en el pasado, ni mucho menos en el
presente. Su fracaso está servido porque nada tiene que ofrecer al
bloque de naciones más democráticas del mundo, sobre todo, con la
incorporación de las antiguas repúblicas socialistas tras el derrumbe
del muro de Berlín.
Si Sentí piensa que liberando presos políticos puede modificar la
Posición común, está equivocado. Si cree que negando la existencia de
dichos presos en la Isla puede conseguir algún espacio de diálogo, se
equivoca todavía más. Debería tal vez plantearse por qué razón la jefa
de la diplomacia europea, Catherine Ashton, ha aplazado 'sine die' la
revisión anual de las relaciones con La Habana, pese a que este punto se
plantea precisamente durante el mes de junio.
Las cosas no se presentan fáciles para el régimen castrista porque la
reflexión sobre un posible cambio "está en curso" y mientras no exista
"un consenso", será difícil que la Posición Común sobre Cuba cambie.
Muchos eurodiputados seguro recordarán el tono despectivo de Fidel
Castro hacia los países de la Unión cada vez que se han producido
conflictos similares en en el pasado. Las hemerotecas están llenas de
referencias.
El problema es que el régimen castrista afirma estar "a la espera" de
que los Veintisiete digan a Ashton "cómo avanzar en pro de un marco
nuevo, diferente y bilateral", en el que se "recojan" los avances que,
en opinión de Sentí, "ya existen" en el plano bilateral con distintos
Estados miembro y que también se refleja en la reanudación del diálogo
político entre la UE y Cuba en 2008.
Craso error. Los Veintisiete ya han dicho en muchas ocasiones que no
aprecian cambios en la Isla, por lo que la Posición Común seguirá
vigente aún cuando se formulen consultas políticas, dentro de un bajo
perfil de relaciones diplomáticas, y se haya recuperado la cooperación
con varios países a título individual. Y poco más, porque no da para
mucho más. A partir de ahí pensar que se puede superar la Posición
Común hacia un marco bilateral es una quimera.
Por último, y tal vez lo más relevante, el diplomático castrista no
puede aspirar a hablar con la Unión Europea en "igualdad de
condiciones". La Unión Europea nunca atentará contra la soberanía o la
independencia de cualquier país, por su respeto a la legalidad
internacional, pero lo que Sentí no puede ignorar es que los Veintisiete
pueden elegir a sus socios por proximidad ideológica, por su capacidad
para defender los derechos humanos, las libertades y el pluralismo
político. Y en el momento actual, el régimen castrista se encuentra en
las antípodas de ese modelo compartido por los países de la Unión. La
solución está clara.
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=32652
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